20091111

N.O.O.S. (2)

2

Hacía un calor espantoso, pero yo llevaba puesta la chaqueta para ocultar el revólver del treinta y ocho que se mecía contra mi costado. Hancock Park estaba repleto de jubilados, estudiantes, oficinistas que almorzaban sentados en los bancos y jóvenes madres que empujaban carritos de bebé. Yo los observaba a todos intentando adivinar cual de ellos era uno de “ellos”. Todos parecían candidatos aceptables. La paranoia me había salvado la vida muchas veces en el pasado, pero a niveles demasiado altos se volvía completamente inútil. Pensé que debía dejar el Nembutal. Qué coño, lo que debía dejar era este trabajo.

El banco más al sur frente al pozo de brea estaba vacío, así que me senté y me dediqué a esperar, mirando a los paseantes y a los niños que jugaban. El sudor empezó a correrme por la espalda, empapando mi camisa. Me aflojé el nudo de la corbata. Me encendí un cigarro.

Entonces reparé en que alguien se había dejado un libro olvidado en el banco. Era una novela barata de ciencia ficción. Se titulaba Qbik y estaba escrita por un tal Jack Dowland. Hojeando el libro una hoja de papel doblada cayó en mi regazo. La desdoblé y pude leer una nota escrita con elegante caligrafía, probablemente femenina.

“Estimado señor Dick:

El autor de esta novela se llama Jack Dowland. Es mi hermano y hace años que no sé nada de él. Encuéntrelo.

Le enviaré a su oficina un anticipo para gastos. Más adelante me pondré en contacto con usted.

Jane Dowland.”

Me quedé un rato inmóvil bajo el implacable sol de mediodía releyendo una y otra vez aquella nota.

Ya tenía caso.


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