20091221

N.O.O.S. (10)

10




—¿Oiga?

Una voz me llamaba desde muy lejos, pero yo me esforzaba en ignorarla. Estaba muy a gusto, nadando en lo que parecía un océano de melaza caliente, oscura, indolora.

—¿Se encuentra bien?

Me resistía con todas mis fuerzas, intentando hundirme más aún. Era inútil. La voz parecía arrastrarme fuera de aquel mar acogedor, hacia la luz, hacia la consciencia. Hacia el dolor.

Ey, despierte de una vez.

Con un suspiro me di por vencido. Abrí los ojos. Agachado ante mí estaba aquel joven corpulento de la camisa negra que me siguió el día anterior. Aquello era demasiado. Volví a cerrar los ojos, simulando que caía inconsciente de nuevo.

—Eh, venga, déjelo ya. Sé que está despierto.

—Está bien. ¿Qué coño quieres? —le espeté mientras intentaba levantarme—. Te advierto de que si quieres apalearme, amenazarme o advertirme de que no hable con los federales, llegas tarde.

El joven rió y me ayudó a levantarme.

—En realidad sólo quería hablar con usted.

—Sí, eso dicen siempre al principio. Y luego mira cómo acaba uno. ¿De qué quieres hablar conmigo?

—De esto —contestó metiendo la mano en el interior de un viejo petate del ejército. Empezó a rebuscar y finalmente extrajo un libro que puso ante mi cara: Qbik, de Jack Dowland.

Me quedé estupefacto, mirándole a él y al libro.

—¿Cómo sabes…?

—Le vi con él ayer en el parque —contestó encogiéndose de hombros, como avergonzado—. Le seguí porque quería hablar sobre él con usted. Luego apareció aquel tipo que parecía del servicio secreto y decidí esfumarme. Creía que no le volvería a ver. Ha sido una suerte verle aquí en la estación esta mañana mientras esperaba el autobús.

—Sí, una suerte —repetí distraidamente mientras comprobaba mis lesiones. No parecía tener nada roto, aunque estaría dolorido unos cuantos días.

—Enfrente de la estación hay una cafetería donde se come bastante bien. Podríamos almorzar allí y charlar tranquilamente.

—Seguro —contesté—. Pero antes, ¿podrías hacerme un favor? ¿Puedes ayudarme a encontrar mi revólver? —Le ofrecí mi mejor sonrisa lastimera— Debe de estar dentro de alguno de esos retretes.


3 comentarios:

  1. Bueno, bueno, la cosa se está poniendo la mar de interesante. Me ha gustado especialmente la parte 9. Muy bien escrito el encontronazo con Estibador y Vendedor de Seguros. Y sigo sin intuir a dónde llevará al lector toda esta trama.
    Continúo leyendo con verdadero interés.

    ¡Felices Fiestas!

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  2. Muchas gracias. Es muy motivador saber que lo escribes llega a alguien y, además, le gusta.
    Despues de las fiestas continuará la intriga, el misterio y la paranoia. No se pierdan la próxima entrega de N.O.O.S.

    ¡Y feliz Navidad a todos!

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  3. Me he leído esto. ¡Click! Funciona. Y eso que luego me he dado cuenta que es un pedazo de una trama más amplia.

    Hasta luego, voy a buscar el comienzo de la historia.

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