20091203

N.O.O.S. (7)


7

Me había pasado la noche sin dormir, pero tenía trabajo que hacer y, lo que era mejor, tenía una idea. Así que hice más café, me arreglé la barba y me di una ducha rápida. Antes de salir, mientras me anudaba la corbata frente al espejo, el teléfono empezó a sonar.

—Agencia de detectives Dick.

—Buenos días, señor Dick —saludó una voz sensual. Era mi clienta.

—Buenos días, señorita Dowland —contesté con una amplia sonrisa—. Porque es usted señorita, ¿verdad? Parece demasiado joven para estar casada.

—Le pago para que investigue a mi hermano, no a mí. ¿Ha averiguado algo?

—Oh, el caso progresa —dije buscando un cigarro. Luego recordé que se habían acabado—. Un caso muy interesante, ¿sabe?

—¿Ah, sí? —ronroneó ella. Un escalofrío subió por mi espalda y se me erizó el vello de la nuca.

—Sí. Muy enrevesado. Su hermano está muy empeñado en permanecer fuera de escena. Claro que si yo hubiese escrito ese libro también lo haría —resoplé—. Menuda historia —hice una pausa dramática, la alargué el tiempo justo y luego…—. No me extraña que el FBI ande husmeando también en el asunto.

—¿El FBI?

Ahora su voz no era suave y cálida, sino que hacía pensar en algo afilado, hecho de acero. O de hielo, quizás. Empecé a tirar del hilo, poco a poco.

—Sí, el FBI. Pensé que ya lo sabría. Usted me advirtió de que vigilaban mi oficina, ¿recuerda?

—Sí, claro.

Sí, claro. Claro, claro.

—Quizá no les haga gracia que alguien ande por ahí escribiendo novelas sobre matar al presidente —sugerí encogiéndome de hombros.

—Entiendo. ¿Algo más?

—De momento no —decidí no contarle todavía que los federales también andaban tras ella—. Pero si usted me diese un teléfono podría informarla en cuanto averigüe algo más.

—No. Es mejor que sea yo la que se ponga en contacto con usted. Siga investigando. Le volveré a llamar.

Colgué el teléfono, cogí mi sombrero, mi revólver y el libro y salí del apartamento. Mientras bajaba las escaleras no paraba de darle vueltas a algo. Jane Dowland me había advertido de que “ellos” vigilaban mi oficina, pero se había sorprendido cuando mencioné que el FBI estaba metido en el ajo. Por lo tanto “ellos” no eran los federales. Así pues, ¿quiénes demonios eran “ellos”?


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