20091209

N.O.O.S. (8)

8


La oficina postal nº 42 era en realidad un pequeño cubículo olvidado en una esquina de la estación de autobuses que la compañía Greyhound tiene en Alameda Street. Después de deambular un rato por el gran vestíbulo repleto de viajeros y carteristas, di finalmente con una puerta de madera en cuyo cristal esmerilado se podía leer lo siguiente: U.S.P.S. Of.42 L.A. (CA). Un funcionario de aspecto desarreglado y barba de tres días estaba tras el mostrador de madera, tarareando mientras intentaba ver al trasluz el contenido de una carta. Parecía estar borracho. Empecé la representación.

—Buenos días, señor eh… —leí la placa sobre el mostrador— Chinaski.

Me miró con ojos enrojecidos sin decir nada. Un público difícil.

—Creo que usted me puede ayudar. Para alquilar uno de esos apartados de correos —dije señalando con el pulgar la pared cubierta de buzones de mi izquierda—, se debe ofrecer una serie de datos, ¿no? El nombre completo, la dirección… ¿Me equivoco?

—No pienso revelar ningún dato de nadie, amigo.

El muy cabrón me había calado a la primera. Recompuse mi cara y proseguí, ya sin rodeos.

—Está bien, le daré cien pavos.

—¿Está usted intentando sobornar a un funcionario del Gobierno de los Estados Unidos? ¿Sabe que eso es un delito federal?

Estaba claro que de aquel tipo no sacaría nada. Sonreí, alcé las manos y me dirigí a la puerta. Mientras salía, el tal Chinaski me llamó.

—¡Eh! —me giré—. ¿Tienes un cigarro, amigo?

—Que te follen —respondí, cerrando de un portazo.

Compré tabaco y fui a sentarme en uno de los bancos de la estación. Ahora mismo mi única opción era esperar. Tarde o temprano Dowland vendría a retirar su correo. Vigilaría la oficina postal con la esperanza de que sería capaz de adivinar quién era cuando lo viese. Reconozco que no era un gran plan. Jack Dowland parecía un tipo bastante paranoico. ¿Y si enviaba a otra persona, a un amigo o a su novia? O simplemente, ¿y si yo no era capaz de reconocerlo? Bien pensado, era una mierda de plan.

Me puse a ojear el libro y me encendí un cigarro. Iba a ser una espera muy larga.


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