20101226

Un (rápido) repaso al 2010


Otra vez ha llegado esa época de mirar atrás, hacer balance del año y marcarse buenos propósitos para el siguiente. En esta ocasión no voy a hacer un listado de publicaciones, menciones, premios... No quiero aburriros con eso, el autobombo puede llegar a cansar mucho. En lugar de eso voy a hacer un pequeño resumen de lo mejor de este año que ya se nos escurre entre los dedos. Lo peor (que también lo ha habido) lo voy a obviar, ¿para qué regodearse en lo malo?

Un relato: Este año he podido publicar varios relatos en la revista Redes, en nanoediciones, en Prospectiva, en NGC3660... Pero para mí ha sido realmente especial la publicación de "Tom, Armand el titiritero y las tijeras de plata". Lo ha sido porque fue publicado en la revista Calabazas en el Trastero, que recientemente ganó el Premio Ignotus a la mejor revista. Y también ha sido especial porque ese relato ha recibido un montón de buenas críticas. Al parecer ha gustado mucho y eso siempre llena de alegría.

Un premio: No quiero desmerecer la mención honorífica del II Premio Ovelles Eléctriques, pero sin duda este año mi gran éxito ha sido llegar a la final del Domingo Santos 2010. Finalmente no pude ganar, pero estar entre los finalistas ya puede considerarse todo un éxito. Además este empujón llegó en el momento justo, en una época de dudas, cuando empezaba a plantearme dar un salto a intentar cosas más ambiciosas. Lo cual nos lleva a...

Un proyecto: Sí, en estos momentos estoy enfrascado en la escritura de lo que creo será una novela corta. Y digo enfrascado, pero podría decir empantanado y tampoco me equivocaría. Estoy descubriendo por las malas que escribir una narración larga no es lo mismo que un relato. No sé cómo acabará el asunto, pero pase lo que pase, habré aprendido de ello. Seguro.

Y eso es todo. O no. Quiero avisaros de algo. Es muy probable que a partir de enero este blog se quede un poco dormido. El motivo tiene que ver con la biología, la evolución y el traspaso de mi código genético a la siguiente generación, lo cual me va a tener un poco atareado en los próximos meses. Pero no me voy a olvidar de vosotros. Espero que vosotros tampoco os olvidéis de mí. Volveré.

Que paséis unas buenas fiestas y feliz 2011.


20101207

Malas excusas y buenas noticias.


Os habréis dado cuenta de que últimamente ha bajado el ritmo de publicación de entradas. Supongo que os debo como mínimo una pequeña explicación. Esta pequeña sequía se debe a que desde hace unos meses estoy embarcado en un proyecto bastante absorvente. Todavía no tengo claro si acabará siendo un relato muy largo o una novela muy corta, pero está claro que es lo más ambicioso que he afrontado hasta ahora. Si a eso le sumamos mi pausado ritmo de escritura, mi falta crónica de tiempo y algunos problemas con la estructura de la narración que me han obligado a replantearla varias veces, podréis comprender el por qué del descenso de entradas.

Pero tranquilos, si queréis relatos míos, los tendréis. Precisamente ayer se hizo pública la selección de relatos que formarán parte de la antología Calabazas en el Trastero: Peste. Y es una alegría para mí comunicaros que un relato mío ha sido seleccionado. Aquí os dejo el comunicado de la editorial:

El equipo seleccionador de la Biblioteca Fosca, tras valorar los 158 relatos válidos recibidos para la convocatoria, ha decidido que serán incluidos en la antología Calabazas en el Trastero: Peste los siguientes trece relatos:
Caballito (por Darío Vilas Couselo)
Demeter (por Juan Ángel Laguna Edroso)
El juego de la peste (por Elena Montagud)
El vino de Narbog (por Carmen del Pino [Raelana])
José Hernampérez - Días de Peste (por Santiago Eximeno)
La manzana podrida (por Manuel Osuna Blanco)
La protección de los árboles (por Charly Gang)
PESTE S.A. (por Ignacio Cid Hermoso)
Ring-a-ring-a-roses (por Silvia González García)
Schnabel (por Jesús Cañadas)
Su voluntad, su gloria (por Ricardo Montesinos)
Tiempo subjetivo (por Manuel Mije)
Todo empezó con aquella maldita lavadora (por Silvia Barbeito)
Quisiera agradecer desde aquí a los seleccionadores que hayan considerado a "Su voluntad, su gloria" un relato digno de formar parte del proyecto calabazas en el Trastero, una publicación que, os recuerdo, ganó recientemente el Premio Ignotus 2010 a la mejor revista. También quiero felicitar a los demás seleccionados, con algunos de los cuales ya he coincidido en anteriores antologías.

Y eso es todo. Hasta la próxima entrada, que espero no se demore mucho. Cuidaos.


20101116

Vencer o convencer


Hace unos días pude leer un comentario de otro escritor aficionado quejándose de que alguien había publicado varios relatos suyos en la web sin mencionar a su verdadero autor: habían sido plagiados. La verdad es que no me sorprendió que alguien se dedique a copiar la obra de los demás. Algo tan fácil de hacer debe pasar necesariamente. Es casi un axioma.

Me decidí a hacer una búsqueda para averiguar si yo tambíén había sido objeto de plagio. Basta solo con googlear alguna frase larga del relato. Así que probé y me encontré con... esto.

Alguien publicó en su blog mi microrelato "El mensaje que Dios ocultó en las partículas elementales". En realidad no se trata de un plagio, esa persona me citó como autor y no tengo ninguna queja al respecto. Es más, desde aquí le doy las gracias por la difusión. Escribo todo esto por otro motivo. La cuestión es que a raíz del relato surgió entre los usuarios del blog un (a veces) acalorado debate acerca de la ciencia, la religión, el Big Bang, el papel de Dios en la creación del universo... La entrada registró un total de 92 comentarios, entre marzo y julio.

No explico todo esto como un acto de ego-onanismo. Es verdad que me siento muy orgulloso de que un escrito mío haya tenido esa (pequeña) repercusión. Es el sueño de todo escritor, que aquello que creas llegue a alguien, que no le deje indiferente.

Pero este pequeño hallazgo me ha servido sobretodo para darme cuenta de dos cosas:

Primero, quizá los escritores aficionados nos obsesionamos a veces demasiado con engordar el curriculum (concursos, menciones, relatos publicados...) y puede que estemos olvidando lo más importante, que es llegar a alguien. De nada sirve ganar premios literarios si tus relatos o novelas no las lee nadie. Cómo se consigue eso, no lo sé muy bien. Pero empiezo a sospechar que se consigue preocupándote más por escribir bien, por quedar satisfecho con lo que haces, que por empecinarte en ganar un concurso o publicar en una revista. Esa es mi teoría: si haces bien las cosas, tarde o temprano llegarán los lectores.

Y segundo, me he dado cuenta de que lo que hacemos es real. Muchas veces podemos hablar del poder del lenguaje, de que una idea puede mover el mundo... Pero la verdad es que normalmente no asumimos realmente lo que eso significa. Lo que significa es que tus ideas, tus palabras, tienen efectos reales en el mundo. Escribes un relato de ciencia ficción y un montón de desconocidos se pasan tres meses discutiendo sobre el origen del universo. Eso es lo que hacemos (en mayor o menor escala) cuando nos ponemos delante del teclado.

Como decía un amigo mío (y perdóname por el plagio si lees esto): "El Idealismo y el Realismo son la misma cosa, porque las ideas existen, y son reales".


20101014

Premio Domingo Santos 2010


Hace más o menos dos años, a finales del 2008, envié uno de mis relatos a un concurso por primera vez. Se trataba de un relato corto que envié al II Certamen Letras para Soñar, organizado por el escritor J. E. Álamo en su blog homónimo. Por supuesto, no gané, ni quedé finalista. Pero aún así me puse en contacto con Joe para preguntarle qué le había parecido.

Muy amablemente me respondió con un mail que todavía guardo. Y ese mail decía más o menos así: "A mí personalemente me gustó bastante y te animo a que sigas escribiendo ya que presentas buenas maneras."

Pues bien, eso me animó y le hice caso. Yo seguí escribiendo, él también. Yo obtuve algún éxito y muchos fracasos. Supongo que a él le fue algo mejor que a mí, ha publicado un par de libros desde entonces. El caso es que dos años después, J. E. Álamo fue el presidente del jurado del Premio Domingo Santos 2010, que fue fallado el pasado martes durante la Hispacón.

Reproduzco el acta del jurado:

ACTA DE LA REUNIÓN DEL JURADO
DEL

PREMIO DOMINGO SANTOS 2010



En Valencia, el 4 de octubre del 2010, el jurado de la edición del certamen de relatos Domingo Santos 2010, presidido por el escritor J. E. Álamo y compuesto por la escritora y pintora Anabel Zaragozí, la ilustradora Verónica Leonetti y los escritores Roberto Malo, Daniel Miñano, Enric Herce y Claudio Cerdán, tras proceder a las deliberaciones y consiguientes votaciones, acuerda emitir el siguiente:

*FALLO*

Por su narrativa firme y consistente, los personajes magistralmente descritos y la excelente recreación del contexto, declaramos como Vencedor del Domingo Santos 2010 a

EL TAXIDERMISTA DE BRADOMÍN
Autor: Javier Molina Palomino.
Torrejón de Ardoz. Madrid. España.

FINALISTAS

Aeternitas.
Autora: Julia R. Robles. Murcia. España.

Al Final del Camino.
Autor: Ricardo Montesinos Valentín. Badalona, Barcelona. España.


Comer.
Autor: Óscar Bribián. Zaragoza. España.

El Baile de San Vito.
Autor: Sergio Parra de Segur. Calafell, Tarragona. España.

El Pueblo Fantasma.
Autora: Carmen del Pino. Málaga. España.

Fairlane.
Autor: Sergio Gustavo Bonomo. Buenos Aires, Argentina.

Honrarás a tus Cromosomas XY.
Autor: Juanfran Jiménez. Madrid. España.

Premiere.
Autor: Rubén Sánchez Trigos. Madrid. España.

Sofisticación.
Autora: Ana Martínez Castillo. Albacete. España.


Antes de nada, quiero felicitar al ganador y a los otros finalistas. También quiero agradecer a la AEFCFT su labor de organización del Premio y al jurado el interés que han mostrado por mi relato. Pero ante todo, quiero agradecer a Joe que me animara a seguir escribiendo, porque si no lo hubiese hecho quizá yo no estaría ahora mismo escribiendo esto.

En cuanto a mí, no sé muy bien cómo explicar lo que siento. Alegría, por supuesto. El Domingo Santos es uno de los premios de relato más importantes del fantástico español. También lo siento como una señal de que no me he estancado, de que estoy cambiando, evolucionando como autor. Y de que además parece que lo hago en la dirección correcta.

Pero sobre todo siento como si se hubiese cerrado un ciclo. Como si hubiese atravesado una puerta. No sé hacia dónde me llevará este nuevo camino, pero lo que sí sé es que seguiré escribiendo y seguiré esforzándome por hacerlo lo mejor posible. Y también sé que seguiré agradeciendo vuestra compañía.


20101001

(Per)Versiones: Historia

Pues sí, ya está aquí otra antología (Per)Versiones, en esta ocasión dedicada a retorcer y subvertir la Historia tal y como creemos conocerla.

(Per)Versiones: Historia se puede adquirir cibernéticamente a través de Cyberdark, Bubok o Lulú. O también en algunas librerías físicas del mundo que por convención consideramos real.

Contiene los siguientes relatos:

- Ediacara, de Héctor Gómez Herrero
- El evento Toba, de Josep Martin Brown
- La nariz de su majestad, de Jorge Asteguieta Reguero
- Antes muerta que sin Sila, de Virginia Pérez de la Puente
- El horror de la Galia, de Moisés Cabello
- ¿Tú también, hijo mío?, de Laura Quijano Vincenzi
- Aníbal ante portas, de Leonardo Ropero
- Llegaron de noche, de Diana Muñiz
- Los herederos de Gengis Kan, de Juan José Tena
- Mi querido señor H, de Vanessa Benítez Jaime
- Almirante, de Adolfo Rodríguez
- César o nada, de Ricardo Montesinos
- Sic transit, de Aintzane Eguiluz
- La hora de los héroes, de David Prieto
- El rey que no quiso mandar, de Juan Carlos Pereletegui
- Amor de madre, de Juan de Dios Garduño
- El diario perdido de Van Gogh, de Mario Manzano
- La mascota del Titanic, de Manuel Osuna
- Merci beaucoup, de Carlos Tosca Marín
- Flecha rota, de Alejandro Guardiola
- Planeta rojo, de José María Pérez
- Hay un gallego en la Luna, de Alex V. Vegas (Uwe)
- iGOD, de Julio Igualador (Iulius)

Dejad lo que estéis haciendo y corred a compradla. O mejor, comprad dos, un ejemplar para vosotros y otro para regalarlo. No os arrepentiréis.


20100916

Año uno


Estamos de celebración. Hoy hace exactamente un año, este blog iniciaba su vida.

Desde entonces se han publicado 52 entradas (una media de una por semana), cuatro relatos completos que suman un total de 18700 palabras, además de notícias, reflexiones y enlaces a otro buen número de relatos.

Si tuviese que hacer balance mencionaría dentro de lo positivo haber tenido la posibilidad de difundir mis relatos y, sobretodo, de compartir con vosotros muchas buenas noticias. En lo negativo quizá destacaría la sensación que tengo de que el blog no acaba de llegar a mucha gente. Creo que fue Igor quien me comentó una vez que a este blog le faltaba marketing. Un año después creo que debo darle la razón: a veces tengo la sensación de estar hablando solo.

O quizá sólo es una sensación mía. No sé. La verdad es que este aniversario me ha pillado en un momento creativo difícil. No sé muy bien cómo explicarlo. Es una sensación como de estancamiento, de estar en un callejón sin salida. La impresión de que algo debe cambiar y debe hacerlo ya. En fin, se supone que esto es una celebración.

Antes de acabar, quiero agradeceros vuestra atención a los que seguís este blog. En el fondo, vosotros sois su razón de ser. Muchas gacias a todos. Espero que podamos seguir viéndonos durante mucho tiempo bajo este acogedor cielo, del color de una pantalla de televisión sintonizada en un canal muerto.


20100908

Rasputina y el Holocausto de los Gigantes


Hola a todos. Bienvenidos de nuevo a esta pequeña isla perdida en medio del Gran Océano de Unos y Ceros.

Hoy no me voy a entregar a la autopropaganda. Ni tampoco quiero hablar de literatura ni de ciencia ficción, que suelen ser mis temas habituales. O quizá sí hable de ellos, pero dando un largo rodeo a través de la música. De un grupo en concreto, llamado Rasputina.


Según la infalible wikipedia, Rasputina es una banda de "cello-rock" nacida en Brooklyn, Nueva York, fundada por la chelista Melora Creager. Es una banda peculiar por su composición (dos o tres cellos más una batería), por su estética decimonónica y por las increíbles letras de sus canciones, que reflejan la fascinación que sienten por la Historia.

Durante este verano he escuchado sus discos una y otra vez, en especial el último, llamado Sister Kinderhook, que apareció el pasado 15 de junio. Hay una canción de este disco que ha llegado casi a obsesionarme. Se trata de Holocaust of Giants. Aquí podeis escucharla:




Lo que me fascina especialmente de esta canción es su letra, que reproduzco a continuación:

When I was nine years old
Way back in Ohio
The hired man was digging up a well
On my father's land
He found a fossil there

It was a massive bone
And since then I’ve known
That a race of giants lived in the northern hemisphere
Ten thousand years ago they lived right here

It seems incredible
But yet it's the truth
That a fossilized and petrified
Calcified primeval brute

Was turned to stone
But he was not alone
There were hundreds of them walking on the sand toward river
Even giants think they'll always live forever

Where a stream once flowed
Into the Ohio
Everything was turned to stone
Woah-oh-oh-oh-oh-oh-oh
The bible speaks of this
There were giants in our midst
But they slaughtered one another in a meaningless war
Thank your lucky stars that we don't do that anymore

That gravel-encrusted skull
That was found on a river shoal
Double rows of very sharp teeth
The massive jaw measured twenty-five feet

Well it's turned to stone
There were hundreds of them walking on the sand toward river
Even giants think they'll always live forever

Y para los que no habeis entendido nada, una deficiente traducción hecha por mí mismo:

Cuando yo tenía nueve años
De vuelta en Ohio
El peón que cavaba un pozo
En la tierra de mi padre
Encontró un fósil.

Era un hueso enorme
Y desde entonces he sabido
Que una raza de gigantes vivió en el hemisferio norte
Hace diez mil años, justo aquí.

Parece increíble
Pero es la verdad
Era una bestia primigenia calcificada
Fosilizada y petrificada

Estaba convertida en piedra
Pero no estaba sola
Había cientos de ellos caminando sobre la arena hacia el río.
Incluso los gigantes creían que vivirían para siempre.

Allí donde el arroyo una vez desembocó
En el río Ohio
Todo fue convertido en piedra
La Biblia habla de esto
Hubo gigantes entre nosotros
Pero se mataron unos a otros en una guerra sin sentido.
Agradece a tu suerte que nosotros no lo haremos nunca.

Aquel cráneo incrustado de grava
Que fue encontrado junto al río
Tenía una doble hilera de afilados dientes,
La gran mandíbula medía veinticinco pies.

Parece una letra pueril, casi naif. Pero la historia que explica es mucho más compleja de lo que parece. De entrada nos cuenta en sólo treinta versos tres historias diferentes. Primero, la de una niña que a los nueve años descubre una verdad más grande que el mundo que ella conoce. En segundo lugar, la historia de los Gigantes: una raza bíblica que "creía que viviría para siempre", pero aún así "se mataron unos a otros en una guerra sin sentido". Y concluye con sarcasmo: "a
gradece a tu suerte que nosotros no lo haremos nunca".Y la tercera, que es la mejor. La tercera historia no está mencionada en la letra, pero está presente todo el rato: evidentemente, ese hueso pertenece a un dinosaurio. Nosotros lo sabemos, y ese conocimiento cambia el sentido de toda la canción.

Así pues, tenemos una canción que habla, entre otras cosas, del orgullo desmesurado de una especie que se cree en la cima de la Creación, de la posibilidad de que nos podamos extinguir a nosotros mismos y del enfrentamiento entre ciencia e ignorancia. Y todo ello en sólo treinta versos. Es magistral.

Como veis, al final sí que he hablado un poco de literatura y de ciencia. No lo puedo evitar.

Y recordad: Incluso los Gigantes creían que vivirían para siempre.

20100731

¡¡¡EXTRA, EXTRA!!! (Per)Versiones: Cuentos Populares ya a la venta

Salgo de mi descanso estival para anunciar que ya está a la venta la antología de la que hablé hace unos meses, (Per)Versiones: Cuentos Populares.

Se puede adquirir en la librería virtual Cyberdark, en Bubok y en Lulú.

(Per)Versiones: Cuentos Populares está prologado por José Antonio Cotrina e incluye los siguientes relatos:

El viaje de Gulliver al planeta Liliput (Jorge Asteguieta Reguero)
Creciendo en Nunca Jamás (Moisés Cabello)
El placer de comer (Ignacio Cid Hermoso)
Goldilocks y los osos montañeses y zombies (Susana Eevee)
Chufo o chota (Aintzane Egiluz Romero)
Hasta las cenizas (Héctor Gómez Herrero)
La túnica del profeta (Alejandro Guardiola)
Pulgarcito (Eugeni Guillem Darné)
Shazam (Julio Igualador)
La tirana de Oz (Antonio J. Llatas López)
El asesinato de Abuelita (Laura López Alfranca)
Alicia en el País de las Pesadillas (Sergio Macías García)
El gigante dormido (Mario Manzano Vázquez)
La cigarra y la hormiga (Josep Martin Brown)
Tres cerdos (Ricardo Montesinos)
Blanche al desnudo (Ana Morán)
La Reina de las Nieves (Diana Muñiz)
Noche de castigo en Hamelín (Manuel Osuna)
De lo que le conteçió a un mancebo que casó con una muger muy fuerte y muy brava (Juan Carlos Pereletegui)
El patito feo (José María Pérez Hernández)
Desvestiándose (Virginia Pérez de la Puente)
La dama del bosque (David Prieto)
Eterna ensoñación (Laura Quijano Vincenzi)
Playback para una sirena (Leonardo Ropero)
El sótano (Juan José Tena)
Huan sin miedo (Alex V. Vegas)

Se trata del libro perfecto para leer en vaciones, así que corred y compradlo. Antes de que se acaben.


20100710

Cerrado por vacaciones


Pues sí, ya está aquí el verano. Ya llegaron el calor, las cervecitas en las terrazas, las camisas hawaiianas, la playa, los conciertos al aire libre, los índices de humedad relativa del 90% y un sinfín de cosas más que convierten al verano en mi estación favorita.

Así que permitidme que le eche la persiana al blog para poder disfrutar a fondo del agobiante e intenso ambiente veraniego.

Buenas vacaciones. Nos vemos en septiembre.


20100622

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (10 de 10)

así acabó todo. Wu-Bao fue cruelmente ajusticiado, al igual que los monjes y sacerdotes del Quan Tao. Pero ni la emperatriz ni ninguno de los cortesanos conocieron ningún castigo por sus vilezas. Su alta posición los hacía inmunes a la justicia, incluso a la del monarca más poderoso del mundo. A los pocos meses mi padre y mi tío regresaron de Yangzhou y, tras explicarles la situación, decidimos que no era seguro quedarnos en la corte. Así que solicitamos permiso al Gran Khan para regresar y volvimos a Europa, a nuestra amada Venecia.

La voz de maese Polo calló abruptamente, como si de repente se hubiese dado cuenta de que había hablado demasiado. Hacía rato que había oscurecido y ahora nuestra mazmorra estaba totalmente a oscuras. El silencio se prolongó, tanto que creí que se había dormido. Pero de repente volvió a hablar.

—He viajado más lejos que ningún otro hombre de la cristiandad. He contemplado las tierras más lejanas, las costumbres más exóticas, las maravillas más extraordinarias… Y sin embargo, hay algo que permanece siempre igual, por muy lejos que se consiga llegar.

—¿Qué es, maese Polo? —pregunté—. ¿Qué es eso que nunca cambia?

—La oscuridad que habita en el corazón de todos los hombres —contestó Maese Polo, y ya no dijo nada más hasta la mañana siguiente.


20100608

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (9 de 10)

ublai Khan se inclinaba sobre un tablero de chatarang mientras retorcía el extremo de su largo bigote. En la otra mano sostenía una copa de oro llena de kumis, licor de leche de yegua fermentada. Un ruido apagado le hizo volverse.

—¿Quién anda ahí? —preguntó, autoritario.

Dos siluetas surgieron de la oscuridad y entraron en el estrecho círculo de luz que arrojaba la lámpara de aceite perfumado. Marco Polo y Wang-Sun hicieron una reverencia.

—Somos nosotros, majestad.

—Ah, venid, sentaos —les invitó—. ¿Cómo habéis llegado a mis aposentos?

—A través del pasadizo secreto que une la habitación de Xiang-Hua con esta parte del palacio. Después de salir del túnel cruzamos el jardín del estanque de las carpas doradas, dejamos atrás el recinto de vuestras esposas y llegamos hasta el jardín de la parte trasera de vuestras habitaciones.

Kublai bebió un sorbo de kumis, intentando disimular una maliciosa sonrisa.

—Sabía que eras la persona adecuada para este asunto, Po-Lo. Nada se te escapa. ¿Cómo descubristeis el pasadizo?

—A causa de la pintura que lo ocultaba. Era una pintura antigua, que desentonaba con el estilo de las demás en la habitación. Me chocó que una persona con un gusto tan exquisito como Xiang-Hua la mantuviese allí, discordando con el resto de la decoración. Supuse que la conservaba porque era imposible de retirar sin mostrar algo que era preciso ocultar, pero no sabía el qué. La corriente de aire que apagó nuestra lámpara mientras examinábamos las habitaciones me hizo pensar que quizá se trataba de un túnel secreto.

—Lo hice construir hace mucho tiempo, cuando levanté este palacio. Gracias a él podía visitar a mi esposa Tegulen sin que nadie lo supiese…

—Pues alguien lo supo, majestad —interrumpió Marco—, y se sirvió de él para asesinar a vuestra esposa Tegulen y, veinte años después, a Xiang-Hua.

—¿Y de quién se trata? ¿Quién las mató, Po-Lo?

Kublai Khan agarraba su copa con tanta fuerza que sus nudillos empalidecieron. Su mirada terrible se clavaba en Marco, esperando la respuesta.

—Las mató la única persona que conocía su existencia, aparte de vos, claro está. Me refiero al eunuco Wu-Bao. Wang-Sun me informó de que hace años sirvió a Tegulen Khatun. Supongo que fue en esa época cuando tuvo conocimiento del túnel. Esta noche, cuando visité a Chabi Khatun en sus aposentos, observé que Wu-Bao tenía barro seco en sus sandalias y manchas de polvo en su túnica. Estoy seguro de que se ensució al volver de las habitaciones de Xiang-Hua por el pasadizo, después de robar el texto caligráfico. El barro pertenecía sin duda al jardín del estanque, por el que tuvo que pasar al regresar a los aposentos de la emperatriz.

—¿Y el polvo en su hombro? —preguntó Wang-Sun.

—Bueno —respondió Marco encogiéndose de hombros—, como muchos eunucos de su edad, Wu-Bao es un hombre bastante corpulento. Sin duda es difícil para alguien de su talla circular por ese estrecho pasadizo sin rozarse contra las paredes…

Marco observó cómo Kublai y Wang-Sun asentían, siguiendo su razonamiento.

—Así que Wu-Bao —continuó— utilizó el pasaje para deslizarse en los aposentos de Xiang-Hua en medio de la noche y estrangularla con sus propias manos mientras dormía. El monje que preparó su cadáver para la ceremonia funeral observó los moratones dejados por sus manos. También vio un pequeño arañazo, provocado seguramente por su sortija. Esos eunucos van cubiertos de alhajas.

—¿Pero por qué lo hizo? —saltó el Gran Khan—. Ese eunuco goza de una posición envidiable entre los sirvientes de palacio. ¿Por qué querría matar a una concubina?

—Pues para asegurar su posición, majestad. Sin duda cometió el asesinato impulsado por la persona que le concedió esos honores y que es capaz de arrebatárselos. Me refiero, por supuesto, a la emperatriz Chabi Khatun.

Un gran silencio se hizo entre los tres, mientras las palabras de Marco, y lo que implicaban, iban calando en el rostro del emperador. El veneciano esperó a que Kublai dijera algo, pero éste se limitó a mirar fijamente el tablero que tenía ante él. El siseo de su respiración llenaba la habitación.

—Wu-Bao debió de explicar a Chabi la existencia del túnel cuando pasó a su servicio —continuó Marco— y ella le persuadió para asesinar a Tegulen. A cambio, lo convirtió en uno de sus sirvientes favoritos. Veinte años después, volvió a hacer lo mismo, esta vez para eliminar a Xiang-Hua.

—¿Pero por qué? —preguntó Kublai con voz ronca—. ¿Por qué?

—Por motivos diferentes en cada ocasión. A Tegulen la mató por celos. Las dos eran vuestras esposas, pero sólo una engendraría a vuestro heredero, el futuro Gran Khan. Chabi quiso asegurarse de que iba a ser ella. Y os aseguro que es algo que se toma muy en serio. Lo he comprobado personalmente.

—¿Y Xiang-Hua? Chabi es mi esposa principal desde la muerte de Tegulen. Nuestro hijo Chingen-Temur es el heredero del Imperio Mogol. No tenía nada que temer de ella. ¿Por qué la hizo asesinar?

—Por su influencia sobre vos. No, majestad, no intentéis disimular. Ya sé que me mentisteis al decirme que no os unía a ella ninguna relación especial. He visto las pinturas del maestro Zhao-Mengfu. En ellas aparecéis junto a Xiang-Hua haciendo algo que la emperatriz juzgó tan amenazador que decidió acabar con ella.

—Sólo hablábamos, tan sólo eso —ahora el Gran Khan parecía a punto de echarse a llorar—. Paseábamos y hablábamos. Éramos… amigos.

—Supongo que eso fue lo que alarmó a vuestra esposa. Por el escaso conocimiento que tengo del carácter de Xiang-Hua, deduzco acerca de qué conversabais: las enseñanzas del maestro Confucio, el poder de la razón para desentrañar los misterios del mundo, los nuevos inventos, las tierras de más allá del mar… Si lo pensáis bien, todas ellas ideas intolerables para los seguidores de una secta que se dedica a realizar sacrificios, prácticas adivinatorias y otros ritos oscurantistas.

De pronto, Kublai Khan comprendió.

—El Quan Tao

—Una facción que acumula tanto poder en esta corte gracias a la superstición no podía permitir que el monarca albergase ideas tan contrarias a las suyas.

Kublai Khan se puso en pie, derribando la mesita que estaba frente a él. Las piezas de chatarang rodaron por el suelo, sobre el licor derramado.

—Serán castigados —siseó—. Lo juro por Tengri, el señor de los cielos. Esos sacerdotes y el eunuco serán castigados.

—¿Y Chabi Khatun? —preguntó tímidamente Marco—. ¿Ella también será castigada?

Wang-Sun lo fulminó con la mirada y negó con la cabeza todo lo discretamente que pudo. Pero Marco no pareció darse cuenta e insistió.

—¿Y bien, majestad? Contestad. ¿Será la emperatriz…?

—¡No! ¡No será castigada, maldita sea! —estalló Kublai—. Ya me gustaría poder escarmentar a esa bruja, pero no puedo, Po-Lo. Es la emperatriz, mi esposa principal, la madre del heredero. No puedo hacerlo.

—Dijo el maestro Confucio que es cobardía ver la justicia y no hacerla.

—También dijo que se debe respetar al soberano como si fuera el propio padre.

Kublai Khan y Marco Polo se miraron a los ojos durante unos instantes, hasta que finalmente el veneciano apartó la mirada y realizó una humilde reverencia.

—En ese caso, permitid que me retire, majestad.

—Marchaos. Fuera de una vez. ¡Marchaos!

Marco y Wang-Sun se fueron por donde habían venido, dejando al Gran Khan solo en el pequeño círculo de luz, que parecía estrecharse cada vez más.


20100528

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (8 de 10)

os guardias apostados ante los aposentos de la emperatriz les miraban impasibles mientras agitaban ante ellos el salvoconducto oficial. Totalmente inmóviles, vestidos con sus armaduras completas y los brazos cruzados sobre su pecho, parecían esculpidos en terracota.

—Está bien —dijo Marco fingiéndose afrentado—, nos marcharemos, pero responderéis ante los dioses por esto. Es imprescindible que hablemos con la emperatriz para que los desdichados espíritus de Tegulen y Xiang-Hua puedan al fin descansar en paz. Si nos impedís pasar, no reposarán hasta descargar sobre vosotros su terrible venganza.

La duda vidrió durante un latido de corazón los ojos de los guardias, que se miraron de reojo. Fue sólo un momento, pero fue suficiente. Marco pateó la espinilla de un guardia mientras Wang-Sun se escabullía entre las piernas del otro, que había quedado distraído por la sorpresa. En cuanto reaccionaron les fue fácil agarrarle e inmovilizarse, pero para entonces el joven eunuco ya había cruzado la puerta dorada y corría por el pasillo hacia los aposentos de la emperatriz.

Uno de los guardias salió corriendo en pos de Wang-Sun mientras el otro empujaba a Marco hacia el interior, sin dejar de retorcerle el brazo. Una vez dentro, lo arrojó al suelo, junto a su asistente, que yacía postrado frente a un grupo de personas entre los cuales destacaba con fulgor dorado la figura de la emperatriz.

—Os deseo salud —dijo Marco con la frente pegada al suelo— sabia y prudente Chabi Khatun, emperatriz de los mogoles y señora de las tierras de…

—Basta —le interrumpió una voz áspera—. No creas que adulándome harás que olvide tu ofensa. ¿Cómo te atreves a irrumpir en mis habitaciones?

Marco levantó poco a poco la cabeza. Frente a él, observándole con mirada disgustada, se hallaba la emperatriz, vestida con un elaborado vestido de seda bordado con oro y piedras preciosas. A su alrededor se congregaban un buen número de cortesanos y sacerdotes taoístas. Más allá, los sirvientes y los eunucos cuchicheaban, señalándole con dedos enjoyados. Una cabra degollada yacía sobre un pequeño altar. Al parecer, habían interrumpido algún tipo de ceremonia del Quan Tao.

—Os ruego que me perdonéis, señora —dijo levantándose dubitativamente—, pero dispongo de este permiso especial del Khan para acceder a cualquier parte de Palacio.

Un guardia le arrebató el documento y se lo entregó a Chabi Khatun, que lo recorrió con sus oscuros ojos rasgados.

—Mi esposo es demasiado generoso con los extranjeros —declaró—. ¿Qué es lo que os trae aquí, pues?

—Quisiera preguntaros por la difunta Xiang-Hua. Me consta que últimamente pasaba mucho tiempo con su majestad el emperador y me preguntaba qué tipo de relación os unía con…

—¿Cómo osas nombrar a esa perra Song en mi presencia? —gritó la emperatriz, interrumpiéndole una vez más—. ¿Qué insinúas, miserable? ¿Qué estaba celosa? ¿De una concubina?

La emperatriz se adelantó y se colocó justo frente a él, traspasándole con su mirada furiosa. Con un movimiento fluido a pesar de sus recargadas ropas, desenvainó la espada del guardia más próximo y la colocó en su cuello. Un murmullo consternado recorrió la sala.

—Yo soy Chabi Khatun, del pueblo de los Onggirat —siseó—. Mi abuelo cabalgó junto al mismísimo Gengis Khan. No dejes que estas ropas te engañen, extranjero, por mis venas corre sangre mogol. Recuérdalo la próxima vez que decidas insultarme.

La emperatriz le devolvió la espada al guardia y volvió junto a su séquito.

—Mi hijo será el próximo Gran Khan de los Mogoles —añadió, más serena—, no tengo nada que envidiar a esa concubina paliducha. Nada. Lleváoslos.

Marco y Wang-Sun se inclinaron y se dejaron acompañar hasta la puerta, agradecidos de seguir con vida. Una vez fuera se miraron.

—Lo sé, no hace falta que me lo digas —se apresuró a decir Marco antes de que el joven abriese la boca—. Pero en lugar de reprocharme nada, respóndeme una pregunta. ¿Quién era aquel eunuco anciano y gordo que estaba en el fondo de la sala?

—Era Wu-Bao, uno de los eunucos más viejos de Palacio.

—Entiendo —Marco arrugó el ceño—. ¿Y ha servido siempre a Chabi Khatun?

—No —respondió Wang-Sun—. Por lo que sé, antes estaba al servicio de Tegulen Khatun, pero poco antes de morir ésta pasó a la casa de Chabi, que lo acogió y lo convirtió en uno de sus principales sirvientes. ¿Por qué me preguntáis por él?

—¿No observaste que sus sandalias estaban sucias de barro seco? Y su túnica estaba arrugada y manchada de polvo en su hombro…

—¿Y qué significa eso, Po-Lo?

—Que vamos a ir ahora mismo a hablar con el Gran Khan.

—Pero no podemos acceder a él hasta mañana —se lamentó el joven—, la emperatriz nos ha arrebatado el salvoconducto. No podremos llegar hasta sus habitaciones. Y no pienso volver a pelear con ningún guardia, os lo advierto.

—No será necesario. Si no me equivoco, podremos escabullirnos hasta su alcoba por un camino que nadie, o casi nadie, conoce.

—¿Y por qué tanta prisa? ¿Ya habéis resuelto el asesinato?

—En realidad —contestó Marco sonriendo— he resuelto dos asesinatos.


20100521

Las Arcologías Posibles, en Nanoediciones.

Hace unos meses ya hablé de Las Arcologías Posibles, una serie de microrrelatos inspirados en Las Ciudades Invisibles, de Italo Calvino. Después de dejar este proyecto un poco abandonado, lo he retomado recientemente y aquí os presento una nueva entrega.

Se trata de Las Arcologías Posibles: Polis-Mitaca, y está listo para descargar en Nanoediciones. Esta nanoeditorial merece una mención a parte. Se trata de un fascinante proyecto editorial que está llevando a cabo Iulius, un gran compañero de aventuras literarias. Nanoediciones está especializada en microliteratura, que edita en una única página de pdf, lista para imprimir y convertir en un pequeño nanovolumen.

Ya sabéis, descargad, imprimid, plegad y leed. Que lo disfrutéis.



20100517

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (7 de 10)

l pintor de la corte, Zhao-Mengfu, les guiaba por el taller envuelto en su bata de seda, refunfuñando sin parar. Sus criados revoloteaban a su alrededor, encendiendo lámparas y braseros para iluminar y caldear la amplia sala. Marco lo había obligado a enseñarle su taller en mitad de la noche haciendo uso del documento, arrancándolo de su cama y arrastrándolo por interminables y gélidos pasillos.

—Bueno, ya estamos aquí —rezongó el anciano—. ¿Qué es eso tan importante que queréis ver y que no puede esperar a mañana?

—Maestro Zhao-Mengfu, os pido disculpas una vez más, pero vuestra ayuda es vital para esclarecer la trágica muerte de la dama Xiang-Hua —se excusó Marco—. Mi asistente Wang-Sun me comentó que vuestra pintura se ha ido orientando en los últimos años hacia temas más cotidianos.

—Sí, en efecto, he llegado a la conclusión que sólo a través de la quietud y la paz que emanan las escenas de la vida diaria, puede transmitirse la armonía necesaria para el perfeccionamiento moral que…

—Entiendo —le interrumpió Marco y luego esbozó su mejor sonrisa—. Lo que quisiera es que me mostrarais pinturas que representen algunas de esas escenas de la vida diaria de palacio. Escenas en las que aparezcan las concubinas, por ejemplo.

Zhao-Mengfu empezó a desplegar ante sus ojos rollos y más rollos de seda exquisitamente pintada. Las concubinas aparecían en sus quehaceres diarios: paseando junto a un estanque, tocando algún instrumento musical, charlando entre ellas, contemplando a los saltimbanquis, sus manos ocultando tímidamente sus delicadas risas…

—¿Y de Xiang-Hua? ¿No podéis mostrarme alguna?

Con un gruñido, el pintor extrajo otro fajo de rollos del fondo de un arcón.

—Había pensado quemarlos, me daba miedo conservarlos —sus ojos se vidriaron—, pero finalmente no tuve el valor de hacerlo.

Marco se inclinó sobre la mesa, contemplando las pinturas. Xiang-Hua leyendo un libro. Xiang-Hua escribiendo o pintando sobre un rollo de papel. Xiang-Hua contemplando un luo-pan, el artefacto que los europeos llamaban brújula. Xiang-Hua junto a Kublai Khan, conversando.

Dannato vecchio bugiardo

Zhao-Mengfu abrió mucho los ojos.

—¿Cómo habéis dicho, señor Po-Lo? —preguntó.

—Nada, nada —se apresuró a responder Marco—. Es una expresión de mi tierra. Significa “loados sean los antepasados”. Muchas gracias, maestro Zhao-Mengfu. Nos habéis sido de gran ayuda.

Cuando salieron del taller, Wang-Sun le preguntó maliciosamente:

—¿Qué vamos a hacer ahora, señor Po-Lo? ¿Vamos a irrumpir en los aposentos de otro cortesano o mejor volvemos a insultar al Gran Khan, esta vez delante de alguien que sí entienda el italiano?

—Un poco de las dos cosas —contestó Marco—. Vamos a hacerle una visita a la emperatriz Chabi Khatun.


20100513

Ya está aquí (Per)Versiones...

En los próximos meses algo llamado (Per)Versiones va a dar mucho de qué hablar. Pero, ¿qué es (Per)Versiones?

(Per)Versiones es un colectivo de jóvenes escritores habituales de los foros de Sedice que un día, sin saber muy bien qué hacían, decidieron unirse para crear un proyecto común. Una plataforma que les permitiera explicar historias, compartirlas y, sobretodo, pasárselo en grande.

(Per)Versiones es una antología de relatos. Bueno, en realidad son tres. De momento. En la primera encontraremos versiones de los cuentos populares de toda la vida que han sido retorcidos, alterados y mutados hasta hacerlos irreconocibles. Perversamente irreconocibles.

(Per)Versiones es un experimento editorial, una fiesta literaria, una gamberrada muy seria... Cuenta con su blog, su manifiesto y su grupo en facebook. Y si sentís curiosidad, podéis leer un pequeño adelanto, en un formato sencillamente magnífico.

Ya sabéis lo que es (Per)Versiones. Luego no digáis que no os lo advertí...


20100510

El sentido de escribir ciencia ficción

En el prólogo a la antología del II Premio Ovelles Electriques, Enric Herce, uno de los jurados, se pregunta acerca de qué sentido tiene escribir ciencia ficción hoy día, estando sumergidos en una cotidianeidad hipertecnológica cada vez más vertiginosa. Sus palabras exactas son estas:

Si el futuro es hoy y como comenta Barceló «podríamos vaticinar la muerte de la ciencia-ficción por disolución en el contexto». Muchos se plantearán: ¿qué sentido tiene practicar la ciencia ficción literaria a día de hoy?

Ignoro qué contestarían a esta pregunta los autores galardonados en esta segunda edición del Ovelles Elèctriques (...). Aunque la verdad es que siento cierta curiosidad por saber qué opinarían del tema.

Supongo que respecto a este tema hay tantas opiniones como autores (o lectores) de ciencia ficción. La verdad es que esta idea suele aparecer bastante a menudo: La CF está en crisis o moribunda o incluso muerta a causa de que ha sido superada por la realidad. ¿Para qué fabular acerca de robots, ingeniería genética, inteligencia artificial... si ya forman parte de nuestro mundo real? ¿Tiene sentido?

Yo creo que sí, que cuanto más se acelera el desarrollo tecnológico, más sentido tiene escribir o leer ciencia ficción. Es más, creo que como género sólo tiene sentido en contextos de desarrollo acelerado. La CF nació en el S. XIX, siendo Frankenstein la primera obra considerada de este género. Antes de ese siglo la tecnología se desarrollaba de una forma muy lenta. Los cambios apenas podían ser percibidos de una generación a otra. No fue posible advertir los cambios en el curso de una sola vida hasta el XIX, con la Revolución Industrial. Es entonces cuando el hombre se dice: "Eh, esto realmente se mueve. ¿Adonde nos lleva?". Y el siguiente paso es ponerse a escribir sobre eso. Ponerse a escribir ciencia ficción.

En el fondo es una práctica muy sana. Casi se podría decir que socialmente positiva. Imaginemos un experimento. Salgamos a la calle y preguntemos a cualquiera que opina acerca de, por ejemplo, los organismos genéticamente modificados, o del desarrollo de Inteligencias Artificiales, o de cualquier otra tecnología que previsiblemente se desarrolle en los próximos veinte años. La mayoría de personas no tendrán una opinión formada. Sin embargo, un lector de ciencia ficción probablemente sí la tenga. Lleva años leyendo (y en el mejor de los casos reflexionando) acerca de ello. Ésa es la función social de la CF. Nos obliga a considerar temas que ahora quizá no son capitales, pero quizá lo sean dentro de diez años. Nos prepara para lo que quizá sea cotidiano en el futuro.

En la universidad yo estudié Historia. Fue a finales de los noventa. En aquellos años estaba de moda la teoría del Fin de la Historia, elaborada por Francis Fukuyama. Resumiendo mucho, venía a decir que, después del colapso del Comunismo en 1989, la Historia había acabado. Habían ganado los buenos, a partir de entonces todos felices para siempre. Fin de la Historia. Recuerdo a un profesor que nos decía: "Yo no creo que la Historia haya acabado. Porque mientras haya conflicto, habrá cambio. Y mientras haya cambio, habrá Historia". Por supuesto, tenía razón, y el 11 de septiembre de 2001 quedó claro para todos.

La cuestión es que esa idea es perfectamente aplicable a la ciencia ficción. Mientras haya conflicto, habrá cambio. Y mientras haya cambio, tendrá sentido escribir ciencia ficción.


20100507

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (6 de 10)

dónde aprendisteis a hacer esto, Po-Lo?

Wang-Sun vigilaba ambos extremos del oscuro pasillo, mientras sostenía en alto una lámpara de aceite para iluminar la cerradura, que estaba siendo forzada por Marco.

—Aquí, allí —contestó distraídamente el veneciano—… Es lo bueno de viajar mucho. Acabas aprendiendo cosas de muchos sitios. Pásame otra.

El eunuco extrajo una orquilla más de su elaborado moño, que ya empezaba a deshacerse, y se la dio.

—¿No sería mejor avisar a algún mayordomo de palacio para que nos abriera la puerta?

—No, es muy tarde y no quiero molestar a nadie. Además —Marco enarcó una ceja y la cerradura emitió un chasquido—, esto ya está. Adelante.

Entraron en los aposentos que habían pertenecido a Xiang-Hua, una serie de amplios salones y habitaciones. La decoración era exquisita: mobiliario de madera lacada, jarrones de fina porcelana, enormes rollos de seda pintada representando espectaculares paisajes…

Avanzaron por el recinto hacia el dormitorio de la concubina. La pequeña llama de la lámpara hacía bailar ominosas sombras a su alrededor. Allí la decoración era más elegante, más sobria. Los paisajes seguían estando presentes, pero aquí no eran exuberantes, sino serenos. En la intimidad de su alcoba, Xiang-Hua había mostrado su verdadero espíritu, más mesurado.

—¿Qué es esto, Wang-Sun? —preguntó Marco, iluminando una lámina de papel, cubierta de ideogramas elegantemente trazados.

—Es caligrafía. La dama Xiang-Hua practicaba el arte de la escritura.

—¿Esto lo escribió ella? —Marco acercó más la lámpara—. ¿Qué pone?

—“Los seres de la Naturaleza —leyó Wang-Sun susurrando— tienen una causa y unos efectos. Las acciones humanas tienen un principio y unas consecuencias. Conocer las causas y los efectos, los principios y las consecuencias es aproximarse lo más cerca posible al método racional, con el cual se llega a la perfección”.

—Eso no suena muy taoísta.

—No lo es, Po-Lo. Son palabras del maestro Kung-Fu-Tse, de su libro Ta-Hio, el Gran Estudio.

—¿Confucio? Aunque bien pensado, eso le cuadra más que el Quan Tao a una aristócrata Song…

Una pintura llamó la atención de Marco. Estaba ejecutada en un estilo claramente diferente del resto, rompiendo la armonía estilística que reinaba en la habitación. Pudo reconocer en ella a Kublai Khan presidiendo un banquete junto a una dama, una de sus esposas principales, a juzgar por su alto tocado.

—Se trata de Tegulen Khatun —le informó el eunuco al reparar en su interés—, la esposa del Khan que también murió aquí.

—Esta pintura es diferente del resto.

—Claro, Po-Lo. Fue pintada hace veinte años. El estilo del pintor de la corte, el maestro Zhao-Mengfu, ha cambiado desde entonces. Fijaos en las demás pinturas, más modernas. Ahora su pincelada es más suelta, más sutil. Además, sus temas han derivado hacia paisajes y escenas más cotidianas…

Una repentina ráfaga de aire apagó de improviso la llama de la lámpara, dejándolos en la oscuridad absoluta. Marco sintió unas manos que se engarfiaban en su pecho, inmovilizándolo. Las agarró por las muñecas y empezó a forcejear para liberarse.

—¡Wang-Sun, ayúdame! —gritó.

—¡No puedo, Po-Lo! —respondió la sombra que luchaba con él—. ¡El fantasma de Tegulen me tiene atrapado!

—Soy yo, bobo —comprendió de pronto, soltándole las manos—. Deja de agarrarme de esa manera.

Las garras aflojaron su presa.

—Lo siento, Po-Lo. Me asusté y creí que…

—No importa —le cortó rebuscando en sus bolsillos—. Ahora no te muevas, estoy buscando mis palos de fuego. ¿Sabes de dónde ha venido esa corriente de aire?

—¿Del Inframundo? —sugirió el joven.

Marco abrió la boca para responder, pero un ruido sordo congeló las palabras en su garganta.

—Wang-Sun —dijo lentamente—, te he dicho que no te movieras…

—No he movido ni una ceja, Po-Lo —contestó con voz temblorosa—. Te juro por mis antepasados que yo no he sido.

Ahora podían sentir unos pasos apagados que recorrían la habitación. Eran muy tenues, como el siseo de la seda, pero claramente audibles. Marco siguió buscando sus huo-chai, pequeños palitos de madera de pino impregnados en azufre. Nuevos sonidos se sumaron a los pasos. Un ruido seco, como una desgarradura. Y después un aparatoso estruendo. Encontró, al fin, sus palitos y los frotó con fuerza. Nada. Otra vez. Nada. A la tercera parecía que se iban a encender, pero una nueva corriente de aire los apagó. Finalmente se encendieron, llenando el aire de emanaciones sulfurosas.

Examinaron la estancia a la luz de la lámpara. No encontraron a nadie, pero un hermoso biombo con incrustaciones de laca tallada yacía en el suelo, volcado. Además, el texto caligráfico que habían estado contemplando había desaparecido.

—Vámonos ya —dijo Marco al fin—, aquí no queda nada más que ver.

—Y bien, Po-Lo, después de lo que acaba de suceder, ¿aceptáis ya la existencia de los espíritus?

Marco le miró de reojo y sonrió.

—Los espíritus, Wang-Sun, no chocan contra los muebles.


20100503

Eyjafjallajokul, en Prospectiva

La Televisión, la Prensa y todo ese conjunto de altavoces que llamamos los Medios tienen la curiosa capacidad de otorgarse credibilidad a sí mismos. Como ya se ha demostrado muchas veces, esa confianza que depositamos en ellos quizá sea inmerecida. A veces parece que Orson Welles organiza una nueva de emisión de La Guerra de los Mundos cada tres meses.

El último episodio de Espectáculo Histérico Colectivo se dio hace un par de semanas, con la erupción en Islandia de un volcán que paralizó totalmente el tráfico aéreo europeo durante una semana. Luego resultó que, a lo mejor, no era para tanto.

Pero, ¿y si en realidad todo fue una maniobra de distracción? ¿Un nuevo capítulo de ese libro llamado La Gran Mentira?

¿Y si lo que realmente pasó fue esto?


20100425

Antología del II Premio Ovelles Eléctriques

Ya está disponible en Bubok la antología del II Premio Ovelles Eléctriques, que recoge los relatos ganadores y finalistas de dicho premio. El libro puede adquirirse físicamente o descargarse de forma gratuita en formato pdf o epub.

La antología incluye los siguientes relatos:

-"Una idea ridícula", de José Manuel Fernández Aguilera

-"Plaga d'humanitat", de menut

-"La decisión", de Serafín Gimeno Solà

-"Órbita Koimeterion", de José María Pérez Hernández

-"El arte de la guerra según Charles Darwin", de Ricardo Montesinos

-"Crímenes periódicos", de Iván Olmedo Fernández

-"Feel The Horror Experience", de Ignacio Cid Hermoso

-"Kristallnacht", de Luisa Fernández

-"La Sangre de la Flor Blanca", de Héctor Gómez Herrero

-"A la luz del faro", de Serafín Gimeno Solà

-"Crideu les qui oloren les bruixes", de menut

-"Una creu de gules sobre un camper d’argent", de Alícia Gili Abad

-"Náufrago Cuántico", de Manuel Mije

-"Odiar sense límits", de Uwe Vegas

-"Patucos verdes, pulsera roja", de Sara Sacristán Horcajada

-"Suerte 1.0", de Jorge Asteguieta Reguero

-"Tres, dos, uno... ", de José Ignacio Becerril Polo

-"Un cuento heleno", de Sergio Generelo Tresaco

-"La protagonista", de Sara Sacristán Horcajada

-"Instintos", de Uwe Vegas

-"Éste es el fin", de Miguel Martín Cruz


En definitiva, un puñado de buenos relatos de ciencia ficción, fantasía y terror que ningún aficionado a la literatura fantástica se debería perder.

20100423

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (5 de 10)

as nubes de incienso se elevaban en la penumbra del templo y eran atrapadas por la luz del ocaso, que se filtraba por los estrechos ventanucos. La volutas de humo se retorcían como los símbolos blanquinegros que decoraban las paredes. Un grupo de sacerdotes se postraban ante un altar presidido por estatuas de los Ocho Inmortales, que contemplaban la ofrenda con miradas terribles.

Un novicio les guió hasta las estancias interiores y les dejó en la celda de un monje tan viejo y delgado que parecía un montón de ramas secas.

—¿Así que vos preparasteis el cuerpo de la dama Xiang-Hua para su entierro?

—Así es —asintió el anciano—, yo lavé y purifiqué su cuerpo y lo dispuse para las transmutaciones que debía afrontar en su último viaje.

—Y decidme, ¿pudisteis adivinar cual fue la causa de su muerte?

El anciano dio un respingo e hizo un casi imperceptible signo con los dedos.

—Si tuviera que juzgar por la expresión de su rostro, os diría que murió de terror.

—¿Pero no observasteis nada fuera de lo común? —insistió Marco—. Una herida, una marca…

—Bueno —el monje se inclinó hacia delante y bajó la voz—, la verdad es que en su cuello había unas marcas, unos moretones…

—¿Cómo si hubiera sido estrangulada por unas manos fantasmales? —sugirió el veneciano.

—¡Sí! ¡Exacto! Y encontré también un pequeño arañazo. Era muy pequeño pero pude verlo claramente, dama Xiang-Hua tenía la piel tan fina…

—Bien, debemos marcharnos ya —interrumpió Marco, levantándose—. Muchas gracias, nos habéis sido de mucha ayuda.

Ya fuera del templo, se dirigieron a un pequeño jardín para despejarse de la atmósfera viciada que habían respirado. Se sentaron bajo un árbol, junto a un pequeño estanque en el que chapoteaban las carpas.

—Y bien, Wang-Sun, ¿qué opinas de las respuestas que nos dio el monje?

—Que es un cerdo —contestó el joven—. Sin duda examinó el cuerpo de la concubina demasiado minuciosamente.

Marco rió.

—La verdad es que ha sido una suerte para nosotros. ¿Recuerdas las marcas que mencionó? El arañazo debió ser causado cuando fue estrangulada, por un anillo o una sortija.

Wang-Sun arrugó el ceño.

—¿Como el que llevaría el fantasma de una emperatriz muerta?

—Como el que podría llevar cualquiera, muerto o vivo.

—¿No creéis en los fantasmas, señor Po-Lo?

Marco arrancó una brizna de hierba y empezó a desmenuzarla con los dedos.

—Te voy a contar una historia —dijo arrojando los trozos al estanque—. En nuestro viaje hacia Catay mi padre, mi tío y yo tuvimos que atravesar Takla-Makan, el desierto más desolado del mundo. Dicen que está poblado por espíritus, y que en las noches de tormenta hablan a los viajeros con voces fantasmales para confundirlos y extraviarlos. Una vez perdidos de su ruta, nunca se vuelve a saber de ellos.

—¿Y vos las sentisteis? —el eunuco lo miraba con los ojos muy abiertos—. ¿Las voces de los espíritus?

—Lo único que sentí —contestó Marco levantándose— fue al viento gemir entre las rocas. Vámonos, se está haciendo de noche.

—¿Adonde vamos ahora, Po-Lo?

—A cazar un fantasma.

—Pero si acabáis de decir que…

—Exacto.


20100415

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (4 de 10)

l sirviente, un joven eunuco de aspecto despierto, se presentó en sus aposentos cuando los criados de Marco estaban acabando de vestirle, después del baño. Traía consigo el salvoconducto oficial, escrito en elegante caligrafía estilo li-shu. “Por el poder del Cielo”, decía, “santo es el nombre del Khan. Quien no le rinda cortesía al portador de este documento, será hombre muerto”.

—Gracias —dijo guardándolo en la manga de su túnica—, puedes retirarte.

—Mi señor el Gran Khan me ha ordenado que os acompañe y os asista en vuestra investigación, señor Po-Lo.

Marco midió al joven con la mirada.

—Está bien —dijo saliendo de sus aposentos—. ¿Cuál es tu nombre?

—Me llamo Wang-Sun, señor.

—Bien, Wang-Sun, llévame a la zona de palacio donde viven la concubinas. Deseo hablar con las doncellas y los sirvientes que servían a la dama Xiang-Hua.

—Me temo que eso no será posible, señor. Todos sus sirvientes fueron sacrificados y enterrados con ella.

Marco se detuvo en seco, incrédulo. Una concubina imperial podía llegar a tener decenas de criados.

—Es la primera vez que oigo hablar de ese tipo de sacrificio.

—Es el rito funerario del Quan Tao, el Camino Perfecto.

—Una ceremonia taoísta, entonces.

—Una corriente dentro del Taoísmo. Últimamente tienen mucho poder en palacio —explicó hablando en susurros—. Gozan del apoyo de cortesanos importantes.

Realmente muchas cosas habían cambiado en la corte durante sus cinco años de ausencia. Bien pensado, el joven eunuco le resultaría de gran ayuda. A lo lejos, el reloj de agua que regía los ritmos de Palacio marcó el octavo schi, la hora que en Europa conocían como vísperas.

—Pongámonos en marcha —dijo Marco apresurándose por el pasillo—, empieza a hacerse tarde.

—¿Adónde vamos?

—Al templo del Quan Tao. Si Xiang-Hua fue enterrada según su rito, el cadáver debió ser preparado allí. Quiero hablar con la persona que contempló ese cadáver.


20100408

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (3 de 10)

aminaban entre los árboles, ascendiendo por la colina artificial en la que el soberano había hecho plantar árboles traídos desde todos los rincones de su imperio. Cada vez que pasaban junto a uno, Kublai acariciaba su corteza, en un gesto que Marco no supo interpretar del todo.

—Tienes una perspicacia y un ingenio fuera de lo común, Po-Lo. Siempre te he admirado por ello —dijo deteniéndose junto a un árbol de la vainilla. En privado siempre le tuteaba.

—No es nada, majestad. Sólo soy un veneciano con cierta habilidad para los negocios.

—En vuestra tierra los venecianos debéis ser una plaga.

—Lo seríamos de no ser por lo genoveses.

Ambos rieron. Estaban cerca de la cima. Desde allí podían contemplar todo el complejo de palacios y jardines de la Ciudad Prohibida. Más allá de las murallas se extendía Dadu, la capital imperial construida sobre las ruinas de la antigua Zhongdu, que fue destruida por Gengis Khan.

—Debo pedirte un favor —dijo Kublai sentándose en una piedra. Parecía cansado. Viejo y cansado.

—Pedidme lo que sea, majestad.

—Hace dos semanas la dama Xiang-Hua, una de mis concubinas, apareció muerta en sus aposentos.

—Lo siento mucho, majestad. ¿Sentíais un afecto especial por ella?

Kublai Khan tenía cuatro esposas y un sinnúmero de concubinas, originarias de todas las naciones de su imperio. Por su nombre, Xiang-Hua debía pertenecer a la aristocracia de la dinastía Song, en el poder antes de la llegada de los mogoles.

—Ningún afecto especial —desechó la idea con un gesto vago—. Sólo era una concubina. La cuestión es que en esas mismas habitaciones murió hace muchos años mi primera esposa, Tegulen Khatun. Empiezan a oírse estúpidos rumores acerca de gui, fantasmas y espíritus vengativos. Quiero que tú, haciendo uso de tu “habilidad para los negocios”, intentes esclarecer la verdad tras esos hechos. No quiero tener un fantasma recorriendo mi palacio, pero mucho menos a un asesino.

—¿Y vuestros magistrados? ¿No cumplirán ellos mejor esa tarea?

Kublai puso cara de fastidio.

—Los tiempos del juez Di ya han pasado. Mis funcionarios no son más que una pandilla de inútiles que sólo se preocupan de engordar y enriquecerse. Si alguien puede aclarar esta muerte, eres tú, Po-Lo.

—Como ordenéis, majestad —aceptó finalmente, haciendo una reverencia—. Permitid que me retire para asearme y enseguida emprenderé las pesquisas.

—Te enviaré a un sirviente con un documento que te permitirá acceder a la casi totalidad del palacio. Puedes retirarte.

Marco empezó a bajar la colina, dejando a Kublai Khan sentado en la piedra, solo, contemplando su Imperio. O sólo su jardín, quizá.


20100331

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (2 de 10)

u excelencia el señor Po-Lo —anunció el funcionario eunuco con voz aflautada—, que regresa de la misión que su majestad le encomendó en la región de Quinsai.

Marco Polo se abrió paso entre la multitud que atestaba la sala de audiencias del Gran Khan. Era tan grande que en ella podían celebrarse banquetes de seiscientos comensales, quedando espacio de sobra para los músicos, los acróbatas y las bailarinas. Sus paredes estaban cubiertas en toda su longitud de plata y oro, decoradas con pinturas de dragones, animales salvajes, pájaros, damas y majestuosos paisajes.

En el extremo de la sala, sobre un trono orientado hacia el sur colocado en un alto estrado escalonado, se sentaba Kublai Khan, emperador de Mongolia, Manchuria, Korea, Tíbet, Catay y Mangi. Seguía igual de corpulento que la última vez que lo había visto, cinco años atrás. Un poco más gordo, quizá. Y un poco más rubicundo. Sin duda no había abandonado su vida de excesos. A su izquierda, un nivel por debajo en el estrado, estaba la emperatriz Chabi Khatun, rígida sobre su trono, inexpresiva como siempre. A la derecha, aún más abajo, se congregaba el resto de la corte: parientes, ministros, consejeros, escribas, militares, funcionarios, astrólogos…


—Deseo una larga y feliz vida al más sabio, generoso y justo de los monarcas —dijo Marco arrodillándose y tocando tres veces el suelo con su frente.

—Y yo se la deseo al más diligente y perspicaz de mis sirvientes —contestó—. Levantaos. Veo que venís solo, Po-Lo. ¿Dónde están los señores Ni-Ke-La y Ma-Teu?

—Mi padre Niccolò y mi tío Matteo han decidido quedarse en Yangzhou para ultimar unos negocios. Dentro de unos meses regresarán a Dadu.

—Y bien —Kublai Khan se arrellanó en su trono—, ¿qué historias me traéis de Quinsai? ¿Qué habéis visto y oído allí?

—Señor, tengo mucho que contar. Quinsai es una región risueña y fecunda, llena de villas, castillos y ricas ciudades. Sus habitantes, vuestros súbditos, viven del campo, del comercio y de sus artes, en las cuales son muy diestros. Pero todo esto palidece al lado de Yangzhou, su capital. Puedo deciros, sin riesgo de mentir, que es la más bella y noble ciudad del mundo. Es una ciudad rica y próspera, señor, llena de almacenes y mercaderes dedicados al comercio de seda, joyas, perlas, especias, perfumes y mil mercancías más. Y no sólo eso, también viven allí un sinnúmero de poetas, pintores, arquitectos y sabios de todo tipo. Hay más de cien bibliotecas, con miles de libros cada una. Pero esto es sólo el principio, porque en la región hay otras veintisiete ciudades más pequeñas, cada una de las cuales…

—Es suficiente, Po-Lo —interrumpió riendo el monarca—. Me temo que vuestros relatos no fascinan a mi corte tanto como a mí. Otro día me los narraréis y responderéis a algunas cuestiones que quiero plantearos. Ahora acompañadme, quiero hablaros en privado.

Y Kublai Khan se levantó, dando por concluida la ceremonia.


20100327

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (1 de 10)

Como es natural, no todo van a ser buenas noticias. Así pues, os informo que el próximo volumen de Calabazas en el Trastero, titulado Terror Oriental, no incluirá el relato que les envié. Qué le vamos a hacer, no se puede ganar siempre. Quisiera, eso sí, felicitar a los seleccionados, algunos de ellos buenos compañeros de fatigas literarias. Enhorabuena.

La parte buena es que no tendréis que esperar a Julio para leerlo. Podreis hacerlo aquí, en cómodos fascículos.

Aquí lo teneis, recién llegado de las lejanas y misteriosas tierras de Oriente. Con todos ustedes...



MARCO POLO Y EL MISTERIO DE LA CONCUBINA IMPERIAL


“…Y de todo lo que vi, no he contado ni la mitad.”
Marco Polo.


a celda que maese Polo y yo compartíamos estaba por debajo del nivel del mar, encajada entre los cimientos del castillo genovés del Capitano del Popolo. Dos veces al día, cada vez que subía la marea, el agua salobre se filtraba y corría por las paredes de granito, anegando la mazmorra hasta nuestras rodillas. Dos veces al día debíamos achicar el agua para no ahogarnos, arrojándola por un alto y estrecho ventanuco con nuestros cuencos para la comida.

Después, extenuados, nos sentábamos en el suelo fangoso y él me explicaba historias sobre su viaje a Oriente, a la corte del Gran Khan. Durante horas hablaba sin parar de los inmensos desiertos que había cruzado, de los ricos palacios que había visitado, de los enjoyados príncipes que había conocido, de las inmensas montañas de seda, perlas, joyas y especias que había contemplado…

Estuvimos juntos en aquella celda durante tres años, desde que los genoveses lo capturaron en la batalla que se libró en Curzola en 1298 hasta que su familia pudo pagar su liberación, en 1301. Fueron tres largos años, pero recuerdo perfectamente el día en que me explicó la historia que os voy a relatar a continuación. Aquél había sido un día de tormenta y la mazmorra se había inundado más de lo habitual. Cuando acabamos de vaciarla estábamos totalmente exhaustos y no dijimos nada durante un buen rato. Fui yo quien rompió el silencio.

—Maese Polo —dije—, siempre me contáis maravillas de vuestro viaje a Oriente. No puedo creer que no pasarais ningún mal trago como en el que ahora estamos. ¿Nunca os ocurrió ningún suceso terrible? ¿No contemplasteis ningún horror, allá en Catay?

Marco Polo estuvo mucho tiempo en silencio antes de contestar.

—Sí, maese Rusticchello, la verdad es que en una ocasión fui testigo de un suceso que debo calificar como terrible.

—Soy todo oídos —contesté acomodándome—.

—Todo ocurrió en el año de Nuestro Señor de 1290. Mi padre, mi tío y yo llevábamos ya quince años en la corte del Gran Khan, dedicados a nuestros negocios y a servirle como funcionarios y embajadores. Yo acababa de regresar de un largo viaje a la ciudad de Yangzhou cuando…


20100314

II Premio Ovelles Elèctriques

Hace unas pocas horas ha sido publicado el fallo del II Premio Ovelles Elèctriques. Es un concurso al que le tengo un cariño especial, porque fue precisamente en la antología de su primera edición donde publiqué por primera vez en papel.

Así pues, os imaginareis la ilusión que me ha hecho haber sido finalista y haber conseguido una Mención de Honor. Además, el gusto es doble (o triple, o...) porque entre los finalistas había un montón de compañeros de Sedice.

Aquí os dejo el link al relato, titulado El Arte de la Guerra según Charles Darwin. Espero que os guste.

Para acabar, felicitar a los ganadores y a todos los participantes y agradecer su labor a Eugeni Guillem y a los miembros del jurado.


20100305

N.O.O.S. (20 y último)

20

Caí al suelo. Una luz cegadora lo llenaba todo. Levanté los brazos en un intento inútil de protegerme de la explosión.

No pasó nada.

Abrí los ojos.

Estaba tirado en el polvoriento suelo frente al café, junto al teléfono público. El sol brillaba justo sobre mí, con una virulencia maligna. La estrella rosa se había apagado.

Algo ocultó el sol de repente.

—¿Estás bien? —preguntó una voz.

Me costó unos segundos enfocar el rostro que se inclinaba sobre mí. Era el joven que había salido del café. Me ofrecía la mano.

—¿Estás bien? —volvió a preguntar mientras tiraba de mí.

—Sí —contesté sacudiéndome el polvo—. Eso creo.

—¿Cómo se ha desarrollado el proceso de normalización?

Le miré a los ojos, sonreí y le lancé un puñetazo a la mandíbula. Cayó al suelo como un saco de mierda.

—Se ha desarrollado de puta madre —le contesté, feliz de que por una vez no fuera yo el sacudido.

Registré sus bolsillos hasta encontrar lo que parecían las llaves de un coche. Junto a la cafetería había un aparcamiento en el que tres coches se recalentaban como lagartos en el desierto. Las llaves resultaron pertenecer a un viejo Ford de color amarillo. Me acomodé dentro.

Me pasé las manos por la cara. Sabía exactamente qué debía hacer ahora. Dowland había escrito en su carta que la invasión noética había llegado hasta puestos clave de la estructura de poder. Busqué en el listado de nombres. M… Mc… Allí estaba. McCarthy, Joseph. El presidente era uno de ellos.

Recordé que dentro de unos días iba a estar en Texas, para dar unos discursos a favor de la intervención en Cuba. Si conducía sin parar podía llegar a tiempo. Sabía qué debía hacer.

Me quité la chaqueta, pero me dejé el sombrero puesto. Me saqué el revólver de la funda, me molestaría para conducir. Lo dejé en la guantera, junto a un mapa de carreteras y un frasco de anfetaminas. Puse el coche en marcha y salí a la carretera. Giré hacia el Este. Hacia Dallas.


20100303

"Calabazas en el Trastero: Tijeras" ya a la venta

Ya se encuentra disponible la tirada de Calabazas en el Trastero: Tijeras. En esta ocasión la compilación contiene los siguientes trece relatos:

La senda infinita, por Jose María Tamparillas
Las tijeras de Átropos, por Ramón San Miguel Coca
El rebelde, por Ángel Luis Sucasas Fernández
La maldición del clérigo, por Andrés Díaz Hidalgo
Las tijeras del censor, por Roberto Malo
El tapiz, por Carmen del Pino
Medianoche, por Juan Ángel Laguna Edroso
El sastrecillo y el hombre cangrejo, por Alejandro J. Muñoz
La rueda gira, por Sergio Macías García
Recortables, por Gema del Prado
Tom, Armand el tirititero y las tijeras de plata, por Ricardo Montesinos
Láquesis 2.0, por Jose María Carcelén Mazcuñán
El esquilo, por Carlos Martínez Córdoba

La antología ha sido prologada por el miembro de Nocte, Juan de Dios Garduño, y cuenta con portada del ilustrador Javier Bernardino Alonso.

Si desean más información sobre este u otros productos de nuestra editorial pueden visitar nuestra página web www.sacodehuesos.com o enviar un correo electrónico a distribucion@sacodehuesos.com


20100301

"El Juego Infinito" en NGC 3660

"Su encuentro con don Luis fue en apariencia casual, aunque después, con la perspectiva que da el tiempo, Samuel llegó a dudar de que nada de lo que rodeara al anciano tuviera que ver con la casualidad."

Así empieza El Juego Infinito, un relato de ciencia ficción escrito por mí que hoy publica la web NGC 3660. En él, Samuel, un joven corriente, conoce casualmente a un anciano algo excéntrico llamado don Luis. Sin embargo nada es lo que parece, porque don Luis en realidad se ha embarcado en una aventura intelectual cuyo destino son los límites de la Ciencia y de la misma Realidad...

Espero que os guste.


20100222

N.O.O.S. (19)

19

La niebla era tan densa que apenas podía ver la punta de mis zapatos. Se condensaba en gotas que colgaban del ala de mi sombrero y resbalaban por la gabardina. Oía el chapoteo del agua no muy lejos frente a mí. Me dirigí hacia allá y casi caigo al mar. Me había detenido en el borde de un muelle. Gigantes herrumbrosos se mecían en las aguas aceitosas, escorados.

A lo lejos, la luz de los reflectores surcaba la oscuridad para iluminar la barriga hinchada de las nubes. El rumor apagado de los motores llenaba el cielo, acompañado de sirenas y explosiones.

Me giré. A lo largo del muelle se sucedían las moles informes de los almacenes y las amenazantes grúas. A unos cien metros un parpadeante cono de luz colgaba de un farol, dibujando un círculo de penumbra en medio del muelle. Dos figuras me contemplaban desde allí, muy quietos, sus rostros ocultos por sus sombreros.

Me encendí un cigarro y caminé poco a poco hacia ellos, estudiándolos. Un hombre y una mujer. El hombre llevaba un oscuro abrigo largo y un sobrero. Más cerca de los cuarenta que de los treinta, rostro serio, pero se adivinaba que esto era una excepción. Su cara parecía acostumbrada a sonreír, incómoda con tanta severidad.

Ella llevaba gabardina clara, medias negras, zapatos de tacón y sombrero con velo de redecilla. Se había pintado los labios de rojo, a juego con las uñas. Treinta años. Morena. No especialmente guapa, pero con la misma mirada descarada de la foto.

—Buenas noches, señor Dick.

—Buenas noches, señorita Dowland —contesté—. Aunque todavía no me ha aclarado si es señora o…

—Llámeme Jane —me interrumpió.

—Y usted es Jack Dowland, supongo —dije volviéndome al hombre.

Éste me sonrió y me guiñó un ojo.

—Hola, Philip. ¿Cómo estás?

Preferí ignorar su pregunta. Le di una calada al cigarro e hice un gesto vago que abarcaba el cielo, el muelle y los buques hundidos.

—¿Qué se supone que es todo esto?

—¿No lo adivina, señor Dick? —contestó Jane.

—Es el interior de mi cabeza, ¿no?

—No exactamente —intervino Jack—. Se trata más bien de una representación. Una metáfora de lo que está pasando realmente en tu cabeza.

—Pues como metáfora no es gran cosa. ¿Qué está ocurriendo exactamente?

—Se está librando una guerra. Hace doce nanosegundos se inició la transferencia de mi personalidad a tu cerebro —dijo Jane—. Se trata de una copia simplificada de la Jane original, por lo que la transferencia se completó en sólo tres nanosegundos. Después inicié la búsqueda de Jack. La mayoría de sus estructuras mentales se alojaban en ese noventa y cinco por ciento del cerebro que los humanos no usáis, aunque había ramificaciones que llegaban hasta las zonas que procesan los estímulos visuales y auditivos y los centros del lenguaje y proceso lógico.

>>Hace seis nanosegundos empecé a eliminar la personalidad de Jack. Sus débiles intentos de resistencia fueron inútiles ante una Auditora de Noveno Grado de la Ortodoxia de N.O.O.S. Los despojos de su mente (cerca de un dieciocho por ciento del original) se refugiaron en las zonas ocupadas por usted, señor Dick, en un intento de protegerse. Eso ocurrió hace un nanosegundo.

>>Desde ese momento hasta ahora me he dedicado a construir esta representación con el objeto de poder reunirnos los tres. La Ortodoxia Noética no tiene ningún interés en dañar a un colaborador humano. Sólo estamos interesados en el traidor Jack Dowland. Coopere con nosotros, ayúdenos a eliminarle y su mente no sufrirá ningún daño…

Levanté las manos, interrumpiéndola.

—¿Qué ha querido decir con eso de “colaborador humano”? —pregunté.

Jane sacó de su bolso una pequeña pitillera plateada. La abrió delicadamente y sacó un cigarrillo. Se lo colocó en los labios cuidadosamente, con la punta de los dedos. Empezó a buscar el mechero. Me adelanté, impaciente, y se lo encendí con el mío. A la luz de la llama observé su rostro. No todo debía ir tan bien como ella decía, bajo su seguridad inexpresiva pude ver un brillo nervioso en los ojos, un ligero temblor en la mano. Miré de reojo a Jack, que seguía mirándonos, sonriendo.

—Usted trabaja para nosotros, señor Dick —dijo Jane envuelta en una nube de humo—, como detective. Localizando a los rebeldes o criminales noéticos que se descargan ilegalmente en cerebros humanos. No puede recordarlo porque Dowland ha borrado sus recuerdos…

—Eso es mentira —la cortó Jack—. Yo no he borrado tus recuerdos. Son ellos los que lo hacen cada vez que concluyes una búsqueda, para proteger su secreto. Si supieras cuántas veces alguno de nosotros te ha advertido de la invasión, a cuántos de nosotros has encontrado para que luego ellos…

No acabó la frase. Los tres sabíamos qué pasaba cuando la Ortodoxia descubría dónde se ocultaba un rebelde. Jack se había quedado callado, mirando con expresión triste el cielo surcado por círculos de luz. Jane me miraba fijamente, como si esperara que yo dijese algo. Una idea empezó a tomar forma en mi cabeza, y cuanto más pensaba en ella más seguro estaba que era cierta.

—¡Hijo de puta! —le dije a Jack—. Por eso te descargaste en mi cerebro. Sabías que me encargarían encontrarte y que cuando lo hiciera me eliminarían contigo…

—Querían eliminarle, señor Dick —ahora era Jane la que parecía divertirse con la escena—, para que no volviese a trabajar con nosotros. Ya ve que los motivos del señor Dowland no son tan ejemplares como pretende hacerle creer. Desde que se descargó en su cabeza no ha dejado de manipularle, alterando todo lo que ve y oye. Incluso lo que piensa —Jane estaba gritando ahora para hacerse oír sobre el ruido de los motores, que era cada vez más fuerte—. ¿De verdad se había creído todo eso de la colaboración y la simbiosis?

—¿Es vuestra alternativa mejor? —le espetó Jack.

Empezaron a discutir, chillándose mutuamente, pero yo ya no podía oír sus voces, ahogadas por el atronador estruendo de una gigantesca flota de aeronaves que nos sobrevolaba. Eran cientos, miles de aviones que aparecían y desaparecían entre las nubes. Me llevé las manos a los oídos.

—¿Qué coño está pasando ahora? —les grité.

Dejaron de discutir. Jane me miró con expresión triunfante.

—Mientra yo hacía perder el tiempo a Dowland hablando, ha sido descargada una segunda copia de mi mente. Ahora procederá a eliminar a…

Sus palabras se congelaron en su garganta. Había intentado agarrar a Jack del hombro pero su mano lo había atravesado, como si estuviese hecho de aire. Lo miró con estupefacción. Jack sonrió una vez más. Estaba empezando a desvanecerse.

—Lo siento, Jane, pero yo apenas estoy aquí ya. He utilizado la señal de retorno del láser rosa para reenviar la mayor parte de mi mente de vuelta a N.O.O.S. Al área estanca de pretransmisión, concretamente. Allí he modificado las instrucciones de tu segunda copia, que estaba a punto de ser descargada —la voz de Jack era muy débil, casi había desaparecido del todo—. Me temo que es a ti a quien va a proceder a eliminar. Adiós, Jane. Adiós, Philip…

Se había esfumado, como un jirón de niebla al sol. Un silbido agudo cortó el cielo en dos. Allá arriba los bombarderos habían abierto sus compuertas y miles de pequeños puntitos se precipitaban sobre nosotros. A mí todo me daba igual ya, pero Jane parecía aterrada.

—¡Interrumpid la secuencia! —gritaba—. ¡Dowland ha escapado! ¡Interrumpid…!

Los silbidos ahogaron su voz. Eran tan agudos que parecían arañar mi cerebro con puntas de diamante. Me pregunté si me daría tiempo de acercarme a ella y besarla antes de que cayeran las bombas. Aquellos labios rojos. ¿Podría? No. Mier