20100201

N.O.O.S. (16)

16

Tardé un buen rato en cruzar el vestíbulo y salir por la puerta que daba a las cocheras. Cuando llegué a la número ocho el autobús ya tenía el motor en marcha. Era un Ford de color óxido que probablemente ya era viejo cuando transportaba reclutas durante la I Guerra Mundial. Estaba lleno de negros y mexicanos.

Aporreé la puerta hasta que el conductor, tan viejo como el autobús, me abrió. Me disponía a subir cuando a mi espalda sonó una voz plana, monótona.

—Está usted cometiendo un error, señor Dick.

Me quedé congelado con un pie en la escalerilla del autobús y el otro en el recalentado asfalto. Me giré lentamente, mi mano buscando el bulto bajo mi sobaco izquierdo.

—¿Ah, sí? —contesté—. ¿Y qué va a hacer para sacarme de él? ¿Matarme delante de toda esta gente?

Vendedor de Seguros levantó las manos y sonrió con aquella expresión que parecía lamentar que todo se hubiera desarrollado de aquella manera.

—No sea estúpido, Dick. No queremos matarle, sino ayudarle. Nosotros podemos sacarle a Dowland de la cabeza. Somos su única salida.

—¿Quienes son “nosotros”? —pregunté.

No contestó. Nos observamos un rato, bajo la tensa mirada del conductor y los pasajeros. Una parte de mí quería creerle. Ceder. Que me sacasen a Dowland. Que se acabara toda aquella locura, aunque me tuvieran que freír el cerebro con electroshocks. Pero otra parte quería darle una oportunidad a Dowland, y no estaba dispuesta a acabar el asunto sin antes oír lo que él tenía que decir.

—Lo siento, pero le he cogido cariño a Jack —contesté tocándome la sien con el dedo—. Es casi como de la familia.

Subí al autobús y las puertas se cerraron detrás de mí. Vendedor empezó a golpearlas con los puños.

—¡La está cagando, Dick! —gritaba, los ojos azules muy abiertos—. ¡Dowland está alterando todo lo que ve y oye! ¡No puede confiar en él!

El autobús se puso en marcha y salió de la estación. Avancé por el pasillo, todos los pasajeros evitaban mirarme a los ojos. La voz de Vendedor se seguía oyendo, pero cada vez más lejana. Ya no se entendían sus palabras.


4 comentarios:

  1. Realmente, y sin ánimo de crear falsas expectativas, cada fragmento es un pequeño disfrute para el lector.
    Casi huele a whisky y a cigarro agotado en el cenicero. Me vienen a la cabeza las viejas pelis del mejor cine negro americano, también una novela, "Cosecha Roja", y un film cuyo nombre no recuerdo, con A. Houston, su padre como gran boss y Jack Nicholson.
    Los diálogos, apurados, realmente buenos. Y la brevedad de la adjetivicación, algo de debo aprender.

    ResponderEliminar
  2. Pues sinceramente espero poder mantener el nivel de interés ahora que nos vamos acercando al final de la historia. Me empieza a acechar el miedo escénico. No me gustaría defraudar a nadie.

    ResponderEliminar
  3. Comparto mis impresiones con Igor. Ya no solo es la historia lo que me gusta, sino la forma de narrar, la credibilidad de los diálogos y las ajustadas descripciones.
    Y desde luego sabes mantener el interés del lector.

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias, Susana. Vuestros comentarios significan mucho. A veces a uno le cuesta adivinar si avanza en la buena dirección o no. Supongo que ya debeis conocer esa sensación. Es una auténtica inyección de ánimo ver que a tus lectores (que a su vez son también escritores) les gusta lo que haces.

    Y ahora prepárense para el próximo capítulo, porque contemplarán un doble salto mortal sin red...

    ResponderEliminar