20100208

N.O.O.S. (17)

17

Encontré un asiento libre en la parte de atrás del autobús y me dejé caer en él, apoyando la cabeza en el cristal y sintiendo el sol en la frente y los párpados cerrados. Permanecí así un rato, demasiado cansado y dolorido para nada que no fuera sentir lástima por mí mismo. Cuando abrí los ojos ya habíamos salido del centro y atravesábamos la interminable sucesión de suburbios de Los Ángeles.

Abrí el sobre marrón. En su interior había un fajo de hojas mecanografiadas, una lista de nombres. También había lo que parecía una carta, unas cuantas hojas manuscritas. Guardé la lista en el sobre y empecé a leer la carta.

“Señor Dick:

Doy por supuesto que es usted el señor Philip K. Dick. Si no lo es, eso significa que los dos estamos muertos y poco importa ya lo que quiero explicarle.

En primer lugar, déjeme felicitarle por haberme encontrado. No era tarea fácil. He dicho “haberme encontrado” cuando sería más correcto decir “haberse dado cuenta de que en realidad siempre he estado aquí”. Sí, aquí, con usted, dentro de esta caja de hueso, compartiendo como buenos compañeros un estrecho apartamento del tamaño de un melón.

Será mejor que empiece por el principio para no confundirle más. Pero debo advertirle de que lo que voy a explicarle no va a ser fácil de creer. Le pido que abra su mente, suspenda su incredulidad y haga un esfuerzo por creer en algo que, en principio, le parecerá absurdo o imposible.

Esta historia empieza, decía, en Oechalia, un mundo a cientos de años-luz de distancia. Este mundo estaba habitado por una raza de seres inteligentes que construyeron una poderosa civilización basada, de manera similar a la humana, en el poder de la ciencia y la tecnología.

Se habrá dado cuenta de que he hablado en pasado. En efecto, esta civilización sucumbió. Como ustedes los humanos están empezando a descubrir, ningún sistema finito puede sostener un crecimiento ilimitado. Este axioma tan elemental fue ignorado por nuestra raza, que se limitó a continuar consumiendo los recursos de Oechalia para alimentar las calderas del progreso, desdeñando las cada vez más alarmantes señales de peligro.

Finalmente llegó el desastre y a la escasez de recursos y fuentes de energía se sumaron las luchas por el control de lo poco que quedaba. La extinción completa parecía inevitable. Sin embargo, nos quedaba una salida. Aberrante y horrible, sí, pero era la única alternativa a la muerte segura de toda nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra especie.

Ahora debo hacer una pequeña digresión. No voy a aburrirle explicándole nuestra biología, anatomía y demás. Bástele saber que nuestra especie se basaba en una bioquímica similar a la humana y que, aunque nuestra morfología era muy diferente a la suya, teníamos algunos elementos muy similares. El cerebro, por ejemplo. Poseíamos un cerebro desarrollado que funcionaba de una manera idéntica a la de los humanos: Impulsos eléctricos en una red neuronal extensa y compleja, en la que aparecía como fenómeno emergente una función metareferencial, la consciencia. Nuestros científicos habían descubierto la manera de mapear esa red y reproducirla en una matriz de cristal. Es decir, habían desarrollado un método para realizar copias de nuestras mentes. Hasta entonces esa tecnología se había usado sólo para realizar simulaciones individuales, con fines políticos. En ese momento, sin embargo, parecía la única puerta de escape de aquel callejón sin salida.

Y así es como se emprendió la construcción del N.O.O.S. (Noetic Observation Orbital Sistem), empresa que consumió los últimos recursos de nuestra moribunda civilización. Nuestros cuerpos nunca podrían sobrevivir a las abismales distancias del viaje interestelar, pero sí lo harían las copias de nuestras mentes, registradas y almacenadas a bordo de una nave que viajaría durante miles de años hasta encontrar un mundo que albergase las condiciones necesarias para empezar de nuevo. Estas condiciones incluirían la existencia de una forma de vida con un cerebro lo suficientemente complejo como para descargar en él nuestras personalidades.

A estas alturas, señor Dick, ya debe usted haber atado los suficientes cabos. La lista de nombres que le adjunto es la relación de personas que han sido “ocupadas” por los noéticos (así llamamos a las mentes oechalianas almacenadas en N.O.O.S.). Revísela cuidadosamente y se llevará varias sorpresas: Los noéticos hemos ocupado ya los puestos clave de sus estructuras de poder, para facilitar así la inminente descarga en masa que nos permitirá apropiarnos de su mundo.

Ahora mismo se estará preguntando por qué le estoy desvelando todos nuestros planes. La respuesta es obvia. No todos los noéticos estamos de acuerdo con este plan de acción. Algunos de nosotros consideramos contraproducente la eliminación de su civilización y creemos que la colaboración sería mucho más deseable. Lamentablemente, los partidarios de la cooperación somos una minoría perseguida, considerados traidores por el resto de noéticos. Pero claro, eso usted ya lo sabe, a estas alturas seguramente ya habrá conocido a alguno de los sabuesos que N.O.O.S. pone tras nosotros.

Bien, ahora ya sabe usted por qué me descargué en su cerebro (descuide, tuve mucho cuidado de no dañar ninguna estructura mental importante) y escribí esa novela. Y por qué le persiguen implacablemente unas inteligencias alienígenas. Probablemente quiera saber qué hacer a continuación. No tengo ni idea. Improvise sobre la marcha. Lo más importante ahora es escapar de Jane y sus esbirros. Después ya pensaremos en algo.

Y recuerde, no está solo. Yo estoy siempre aquí, justo detrás de sus ojos.

Atentamente.

ColanDamDeng/OeChaLia/N.O.O.S.

(Jack Dowland)

PD: Si no me equivoco, su parada es la próxima.”

Alcé la vista, sobresaltado. El autobús se aproximaba a un pequeño pueblo. Había unas cuantas casas, una gasolinera, una cafetería y una parada de autobús. El conductor detuvo el vehículo con un chirrido de frenos y una nube de polvo. Las puertas se abrieron. Me puse en pie y miré a mi alrededor. Los pasajeros me observaban. Bajé y el sol me aplastó contra el suelo como a una cucaracha. Empecé a sudar inmediatamente. El autobús arrancó y me dejó allí, en medio de la nada, bajo el inmenso cielo azul.

2 comentarios:

  1. Muy buena esta última entrada y muy sorpresiva ;-)
    La primera foto del alien me ha dado un repelús que no veas, y esto también acojona: "Y recuerde, no está solo. Yo estoy siempre aquí, justo detrás de sus ojos."
    Sí que me gusta esta mezcla de ci-fi, terror y thriller.

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  2. Ay, que peso me quitas de encima. Tenía miedo de que este giro cienciaficcionero que toma la historia no acabara de casar con el tono "noir".
    Celebro que te haya gustado. Qué alegría me das :D

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