20100331

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (2 de 10)

u excelencia el señor Po-Lo —anunció el funcionario eunuco con voz aflautada—, que regresa de la misión que su majestad le encomendó en la región de Quinsai.

Marco Polo se abrió paso entre la multitud que atestaba la sala de audiencias del Gran Khan. Era tan grande que en ella podían celebrarse banquetes de seiscientos comensales, quedando espacio de sobra para los músicos, los acróbatas y las bailarinas. Sus paredes estaban cubiertas en toda su longitud de plata y oro, decoradas con pinturas de dragones, animales salvajes, pájaros, damas y majestuosos paisajes.

En el extremo de la sala, sobre un trono orientado hacia el sur colocado en un alto estrado escalonado, se sentaba Kublai Khan, emperador de Mongolia, Manchuria, Korea, Tíbet, Catay y Mangi. Seguía igual de corpulento que la última vez que lo había visto, cinco años atrás. Un poco más gordo, quizá. Y un poco más rubicundo. Sin duda no había abandonado su vida de excesos. A su izquierda, un nivel por debajo en el estrado, estaba la emperatriz Chabi Khatun, rígida sobre su trono, inexpresiva como siempre. A la derecha, aún más abajo, se congregaba el resto de la corte: parientes, ministros, consejeros, escribas, militares, funcionarios, astrólogos…


—Deseo una larga y feliz vida al más sabio, generoso y justo de los monarcas —dijo Marco arrodillándose y tocando tres veces el suelo con su frente.

—Y yo se la deseo al más diligente y perspicaz de mis sirvientes —contestó—. Levantaos. Veo que venís solo, Po-Lo. ¿Dónde están los señores Ni-Ke-La y Ma-Teu?

—Mi padre Niccolò y mi tío Matteo han decidido quedarse en Yangzhou para ultimar unos negocios. Dentro de unos meses regresarán a Dadu.

—Y bien —Kublai Khan se arrellanó en su trono—, ¿qué historias me traéis de Quinsai? ¿Qué habéis visto y oído allí?

—Señor, tengo mucho que contar. Quinsai es una región risueña y fecunda, llena de villas, castillos y ricas ciudades. Sus habitantes, vuestros súbditos, viven del campo, del comercio y de sus artes, en las cuales son muy diestros. Pero todo esto palidece al lado de Yangzhou, su capital. Puedo deciros, sin riesgo de mentir, que es la más bella y noble ciudad del mundo. Es una ciudad rica y próspera, señor, llena de almacenes y mercaderes dedicados al comercio de seda, joyas, perlas, especias, perfumes y mil mercancías más. Y no sólo eso, también viven allí un sinnúmero de poetas, pintores, arquitectos y sabios de todo tipo. Hay más de cien bibliotecas, con miles de libros cada una. Pero esto es sólo el principio, porque en la región hay otras veintisiete ciudades más pequeñas, cada una de las cuales…

—Es suficiente, Po-Lo —interrumpió riendo el monarca—. Me temo que vuestros relatos no fascinan a mi corte tanto como a mí. Otro día me los narraréis y responderéis a algunas cuestiones que quiero plantearos. Ahora acompañadme, quiero hablaros en privado.

Y Kublai Khan se levantó, dando por concluida la ceremonia.


20100327

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (1 de 10)

Como es natural, no todo van a ser buenas noticias. Así pues, os informo que el próximo volumen de Calabazas en el Trastero, titulado Terror Oriental, no incluirá el relato que les envié. Qué le vamos a hacer, no se puede ganar siempre. Quisiera, eso sí, felicitar a los seleccionados, algunos de ellos buenos compañeros de fatigas literarias. Enhorabuena.

La parte buena es que no tendréis que esperar a Julio para leerlo. Podreis hacerlo aquí, en cómodos fascículos.

Aquí lo teneis, recién llegado de las lejanas y misteriosas tierras de Oriente. Con todos ustedes...



MARCO POLO Y EL MISTERIO DE LA CONCUBINA IMPERIAL


“…Y de todo lo que vi, no he contado ni la mitad.”
Marco Polo.


a celda que maese Polo y yo compartíamos estaba por debajo del nivel del mar, encajada entre los cimientos del castillo genovés del Capitano del Popolo. Dos veces al día, cada vez que subía la marea, el agua salobre se filtraba y corría por las paredes de granito, anegando la mazmorra hasta nuestras rodillas. Dos veces al día debíamos achicar el agua para no ahogarnos, arrojándola por un alto y estrecho ventanuco con nuestros cuencos para la comida.

Después, extenuados, nos sentábamos en el suelo fangoso y él me explicaba historias sobre su viaje a Oriente, a la corte del Gran Khan. Durante horas hablaba sin parar de los inmensos desiertos que había cruzado, de los ricos palacios que había visitado, de los enjoyados príncipes que había conocido, de las inmensas montañas de seda, perlas, joyas y especias que había contemplado…

Estuvimos juntos en aquella celda durante tres años, desde que los genoveses lo capturaron en la batalla que se libró en Curzola en 1298 hasta que su familia pudo pagar su liberación, en 1301. Fueron tres largos años, pero recuerdo perfectamente el día en que me explicó la historia que os voy a relatar a continuación. Aquél había sido un día de tormenta y la mazmorra se había inundado más de lo habitual. Cuando acabamos de vaciarla estábamos totalmente exhaustos y no dijimos nada durante un buen rato. Fui yo quien rompió el silencio.

—Maese Polo —dije—, siempre me contáis maravillas de vuestro viaje a Oriente. No puedo creer que no pasarais ningún mal trago como en el que ahora estamos. ¿Nunca os ocurrió ningún suceso terrible? ¿No contemplasteis ningún horror, allá en Catay?

Marco Polo estuvo mucho tiempo en silencio antes de contestar.

—Sí, maese Rusticchello, la verdad es que en una ocasión fui testigo de un suceso que debo calificar como terrible.

—Soy todo oídos —contesté acomodándome—.

—Todo ocurrió en el año de Nuestro Señor de 1290. Mi padre, mi tío y yo llevábamos ya quince años en la corte del Gran Khan, dedicados a nuestros negocios y a servirle como funcionarios y embajadores. Yo acababa de regresar de un largo viaje a la ciudad de Yangzhou cuando…


20100314

II Premio Ovelles Elèctriques

Hace unas pocas horas ha sido publicado el fallo del II Premio Ovelles Elèctriques. Es un concurso al que le tengo un cariño especial, porque fue precisamente en la antología de su primera edición donde publiqué por primera vez en papel.

Así pues, os imaginareis la ilusión que me ha hecho haber sido finalista y haber conseguido una Mención de Honor. Además, el gusto es doble (o triple, o...) porque entre los finalistas había un montón de compañeros de Sedice.

Aquí os dejo el link al relato, titulado El Arte de la Guerra según Charles Darwin. Espero que os guste.

Para acabar, felicitar a los ganadores y a todos los participantes y agradecer su labor a Eugeni Guillem y a los miembros del jurado.


20100305

N.O.O.S. (20 y último)

20

Caí al suelo. Una luz cegadora lo llenaba todo. Levanté los brazos en un intento inútil de protegerme de la explosión.

No pasó nada.

Abrí los ojos.

Estaba tirado en el polvoriento suelo frente al café, junto al teléfono público. El sol brillaba justo sobre mí, con una virulencia maligna. La estrella rosa se había apagado.

Algo ocultó el sol de repente.

—¿Estás bien? —preguntó una voz.

Me costó unos segundos enfocar el rostro que se inclinaba sobre mí. Era el joven que había salido del café. Me ofrecía la mano.

—¿Estás bien? —volvió a preguntar mientras tiraba de mí.

—Sí —contesté sacudiéndome el polvo—. Eso creo.

—¿Cómo se ha desarrollado el proceso de normalización?

Le miré a los ojos, sonreí y le lancé un puñetazo a la mandíbula. Cayó al suelo como un saco de mierda.

—Se ha desarrollado de puta madre —le contesté, feliz de que por una vez no fuera yo el sacudido.

Registré sus bolsillos hasta encontrar lo que parecían las llaves de un coche. Junto a la cafetería había un aparcamiento en el que tres coches se recalentaban como lagartos en el desierto. Las llaves resultaron pertenecer a un viejo Ford de color amarillo. Me acomodé dentro.

Me pasé las manos por la cara. Sabía exactamente qué debía hacer ahora. Dowland había escrito en su carta que la invasión noética había llegado hasta puestos clave de la estructura de poder. Busqué en el listado de nombres. M… Mc… Allí estaba. McCarthy, Joseph. El presidente era uno de ellos.

Recordé que dentro de unos días iba a estar en Texas, para dar unos discursos a favor de la intervención en Cuba. Si conducía sin parar podía llegar a tiempo. Sabía qué debía hacer.

Me quité la chaqueta, pero me dejé el sombrero puesto. Me saqué el revólver de la funda, me molestaría para conducir. Lo dejé en la guantera, junto a un mapa de carreteras y un frasco de anfetaminas. Puse el coche en marcha y salí a la carretera. Giré hacia el Este. Hacia Dallas.


20100303

"Calabazas en el Trastero: Tijeras" ya a la venta

Ya se encuentra disponible la tirada de Calabazas en el Trastero: Tijeras. En esta ocasión la compilación contiene los siguientes trece relatos:

La senda infinita, por Jose María Tamparillas
Las tijeras de Átropos, por Ramón San Miguel Coca
El rebelde, por Ángel Luis Sucasas Fernández
La maldición del clérigo, por Andrés Díaz Hidalgo
Las tijeras del censor, por Roberto Malo
El tapiz, por Carmen del Pino
Medianoche, por Juan Ángel Laguna Edroso
El sastrecillo y el hombre cangrejo, por Alejandro J. Muñoz
La rueda gira, por Sergio Macías García
Recortables, por Gema del Prado
Tom, Armand el tirititero y las tijeras de plata, por Ricardo Montesinos
Láquesis 2.0, por Jose María Carcelén Mazcuñán
El esquilo, por Carlos Martínez Córdoba

La antología ha sido prologada por el miembro de Nocte, Juan de Dios Garduño, y cuenta con portada del ilustrador Javier Bernardino Alonso.

Si desean más información sobre este u otros productos de nuestra editorial pueden visitar nuestra página web www.sacodehuesos.com o enviar un correo electrónico a distribucion@sacodehuesos.com


20100301

"El Juego Infinito" en NGC 3660

"Su encuentro con don Luis fue en apariencia casual, aunque después, con la perspectiva que da el tiempo, Samuel llegó a dudar de que nada de lo que rodeara al anciano tuviera que ver con la casualidad."

Así empieza El Juego Infinito, un relato de ciencia ficción escrito por mí que hoy publica la web NGC 3660. En él, Samuel, un joven corriente, conoce casualmente a un anciano algo excéntrico llamado don Luis. Sin embargo nada es lo que parece, porque don Luis en realidad se ha embarcado en una aventura intelectual cuyo destino son los límites de la Ciencia y de la misma Realidad...

Espero que os guste.