20100305

N.O.O.S. (20 y último)

20

Caí al suelo. Una luz cegadora lo llenaba todo. Levanté los brazos en un intento inútil de protegerme de la explosión.

No pasó nada.

Abrí los ojos.

Estaba tirado en el polvoriento suelo frente al café, junto al teléfono público. El sol brillaba justo sobre mí, con una virulencia maligna. La estrella rosa se había apagado.

Algo ocultó el sol de repente.

—¿Estás bien? —preguntó una voz.

Me costó unos segundos enfocar el rostro que se inclinaba sobre mí. Era el joven que había salido del café. Me ofrecía la mano.

—¿Estás bien? —volvió a preguntar mientras tiraba de mí.

—Sí —contesté sacudiéndome el polvo—. Eso creo.

—¿Cómo se ha desarrollado el proceso de normalización?

Le miré a los ojos, sonreí y le lancé un puñetazo a la mandíbula. Cayó al suelo como un saco de mierda.

—Se ha desarrollado de puta madre —le contesté, feliz de que por una vez no fuera yo el sacudido.

Registré sus bolsillos hasta encontrar lo que parecían las llaves de un coche. Junto a la cafetería había un aparcamiento en el que tres coches se recalentaban como lagartos en el desierto. Las llaves resultaron pertenecer a un viejo Ford de color amarillo. Me acomodé dentro.

Me pasé las manos por la cara. Sabía exactamente qué debía hacer ahora. Dowland había escrito en su carta que la invasión noética había llegado hasta puestos clave de la estructura de poder. Busqué en el listado de nombres. M… Mc… Allí estaba. McCarthy, Joseph. El presidente era uno de ellos.

Recordé que dentro de unos días iba a estar en Texas, para dar unos discursos a favor de la intervención en Cuba. Si conducía sin parar podía llegar a tiempo. Sabía qué debía hacer.

Me quité la chaqueta, pero me dejé el sombrero puesto. Me saqué el revólver de la funda, me molestaría para conducir. Lo dejé en la guantera, junto a un mapa de carreteras y un frasco de anfetaminas. Puse el coche en marcha y salí a la carretera. Giré hacia el Este. Hacia Dallas.


4 comentarios:

  1. Una literatura pulcra. Entiendo que es el final, un tanto abierto pero bien cosido en cuanto a la transformación que sufre el personaje, de ser una marioneta confundida a este: "Sabía qué debía hacer". Por fin, un destino, claro, conciso, sin la sensación de estar flotando.

    Ah, y estos símiles que tanto me gustan: "tres coches se recalentaban como lagartos en el desierto".
    Ciencia-ficción y novela negra y otras cosas que no sé ver. Fantástico.

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  2. Muchas gracias, Igor. Vuestros comentarios me han animado mucho, no hay nada más desolador que la sensación de estar escribiendo para nadie.

    En cuanto al final, en realidad es más cerrado de lo que parece. Y os voy a dar una pista: ¿Qué sucedió en Dallas en 1963?

    ;)

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  3. Me encanta como te aprovechas de la Historia para cerrar el final y ligarlo con el libro de Dowland. Para mí caben dos interpretaciones; o bien cómo dice Igor, el protagonista deja de ser una marioneta confundida, o bien cae en la ilusión de que ya no lo es para justamente hacer lo que se tenía previsto de él.
    Un relato muy ameno, consistentemente enlazado y muy visual.
    Gracias y ahora ponte las pilas con Marco Polo que me tienes en ascuas jijiji
    Aurora

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  4. Hola, Au, qué alegría verte por aquí.
    Como bien dices, caben esas dos interpretaciones del final. Es un poco como el gato de Schrodinger. Que cada cual se quede con la que más le guste.
    En cuanto a Marco Polo, esta misma semana caerá otro episodio.
    Un saludo ;)

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