20100408

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (3 de 10)

aminaban entre los árboles, ascendiendo por la colina artificial en la que el soberano había hecho plantar árboles traídos desde todos los rincones de su imperio. Cada vez que pasaban junto a uno, Kublai acariciaba su corteza, en un gesto que Marco no supo interpretar del todo.

—Tienes una perspicacia y un ingenio fuera de lo común, Po-Lo. Siempre te he admirado por ello —dijo deteniéndose junto a un árbol de la vainilla. En privado siempre le tuteaba.

—No es nada, majestad. Sólo soy un veneciano con cierta habilidad para los negocios.

—En vuestra tierra los venecianos debéis ser una plaga.

—Lo seríamos de no ser por lo genoveses.

Ambos rieron. Estaban cerca de la cima. Desde allí podían contemplar todo el complejo de palacios y jardines de la Ciudad Prohibida. Más allá de las murallas se extendía Dadu, la capital imperial construida sobre las ruinas de la antigua Zhongdu, que fue destruida por Gengis Khan.

—Debo pedirte un favor —dijo Kublai sentándose en una piedra. Parecía cansado. Viejo y cansado.

—Pedidme lo que sea, majestad.

—Hace dos semanas la dama Xiang-Hua, una de mis concubinas, apareció muerta en sus aposentos.

—Lo siento mucho, majestad. ¿Sentíais un afecto especial por ella?

Kublai Khan tenía cuatro esposas y un sinnúmero de concubinas, originarias de todas las naciones de su imperio. Por su nombre, Xiang-Hua debía pertenecer a la aristocracia de la dinastía Song, en el poder antes de la llegada de los mogoles.

—Ningún afecto especial —desechó la idea con un gesto vago—. Sólo era una concubina. La cuestión es que en esas mismas habitaciones murió hace muchos años mi primera esposa, Tegulen Khatun. Empiezan a oírse estúpidos rumores acerca de gui, fantasmas y espíritus vengativos. Quiero que tú, haciendo uso de tu “habilidad para los negocios”, intentes esclarecer la verdad tras esos hechos. No quiero tener un fantasma recorriendo mi palacio, pero mucho menos a un asesino.

—¿Y vuestros magistrados? ¿No cumplirán ellos mejor esa tarea?

Kublai puso cara de fastidio.

—Los tiempos del juez Di ya han pasado. Mis funcionarios no son más que una pandilla de inútiles que sólo se preocupan de engordar y enriquecerse. Si alguien puede aclarar esta muerte, eres tú, Po-Lo.

—Como ordenéis, majestad —aceptó finalmente, haciendo una reverencia—. Permitid que me retire para asearme y enseguida emprenderé las pesquisas.

—Te enviaré a un sirviente con un documento que te permitirá acceder a la casi totalidad del palacio. Puedes retirarte.

Marco empezó a bajar la colina, dejando a Kublai Khan sentado en la piedra, solo, contemplando su Imperio. O sólo su jardín, quizá.


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