20100517

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (7 de 10)

l pintor de la corte, Zhao-Mengfu, les guiaba por el taller envuelto en su bata de seda, refunfuñando sin parar. Sus criados revoloteaban a su alrededor, encendiendo lámparas y braseros para iluminar y caldear la amplia sala. Marco lo había obligado a enseñarle su taller en mitad de la noche haciendo uso del documento, arrancándolo de su cama y arrastrándolo por interminables y gélidos pasillos.

—Bueno, ya estamos aquí —rezongó el anciano—. ¿Qué es eso tan importante que queréis ver y que no puede esperar a mañana?

—Maestro Zhao-Mengfu, os pido disculpas una vez más, pero vuestra ayuda es vital para esclarecer la trágica muerte de la dama Xiang-Hua —se excusó Marco—. Mi asistente Wang-Sun me comentó que vuestra pintura se ha ido orientando en los últimos años hacia temas más cotidianos.

—Sí, en efecto, he llegado a la conclusión que sólo a través de la quietud y la paz que emanan las escenas de la vida diaria, puede transmitirse la armonía necesaria para el perfeccionamiento moral que…

—Entiendo —le interrumpió Marco y luego esbozó su mejor sonrisa—. Lo que quisiera es que me mostrarais pinturas que representen algunas de esas escenas de la vida diaria de palacio. Escenas en las que aparezcan las concubinas, por ejemplo.

Zhao-Mengfu empezó a desplegar ante sus ojos rollos y más rollos de seda exquisitamente pintada. Las concubinas aparecían en sus quehaceres diarios: paseando junto a un estanque, tocando algún instrumento musical, charlando entre ellas, contemplando a los saltimbanquis, sus manos ocultando tímidamente sus delicadas risas…

—¿Y de Xiang-Hua? ¿No podéis mostrarme alguna?

Con un gruñido, el pintor extrajo otro fajo de rollos del fondo de un arcón.

—Había pensado quemarlos, me daba miedo conservarlos —sus ojos se vidriaron—, pero finalmente no tuve el valor de hacerlo.

Marco se inclinó sobre la mesa, contemplando las pinturas. Xiang-Hua leyendo un libro. Xiang-Hua escribiendo o pintando sobre un rollo de papel. Xiang-Hua contemplando un luo-pan, el artefacto que los europeos llamaban brújula. Xiang-Hua junto a Kublai Khan, conversando.

Dannato vecchio bugiardo

Zhao-Mengfu abrió mucho los ojos.

—¿Cómo habéis dicho, señor Po-Lo? —preguntó.

—Nada, nada —se apresuró a responder Marco—. Es una expresión de mi tierra. Significa “loados sean los antepasados”. Muchas gracias, maestro Zhao-Mengfu. Nos habéis sido de gran ayuda.

Cuando salieron del taller, Wang-Sun le preguntó maliciosamente:

—¿Qué vamos a hacer ahora, señor Po-Lo? ¿Vamos a irrumpir en los aposentos de otro cortesano o mejor volvemos a insultar al Gran Khan, esta vez delante de alguien que sí entienda el italiano?

—Un poco de las dos cosas —contestó Marco—. Vamos a hacerle una visita a la emperatriz Chabi Khatun.


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