20100622

Marco Polo y el misterio de la concubina imperial (10 de 10)

así acabó todo. Wu-Bao fue cruelmente ajusticiado, al igual que los monjes y sacerdotes del Quan Tao. Pero ni la emperatriz ni ninguno de los cortesanos conocieron ningún castigo por sus vilezas. Su alta posición los hacía inmunes a la justicia, incluso a la del monarca más poderoso del mundo. A los pocos meses mi padre y mi tío regresaron de Yangzhou y, tras explicarles la situación, decidimos que no era seguro quedarnos en la corte. Así que solicitamos permiso al Gran Khan para regresar y volvimos a Europa, a nuestra amada Venecia.

La voz de maese Polo calló abruptamente, como si de repente se hubiese dado cuenta de que había hablado demasiado. Hacía rato que había oscurecido y ahora nuestra mazmorra estaba totalmente a oscuras. El silencio se prolongó, tanto que creí que se había dormido. Pero de repente volvió a hablar.

—He viajado más lejos que ningún otro hombre de la cristiandad. He contemplado las tierras más lejanas, las costumbres más exóticas, las maravillas más extraordinarias… Y sin embargo, hay algo que permanece siempre igual, por muy lejos que se consiga llegar.

—¿Qué es, maese Polo? —pregunté—. ¿Qué es eso que nunca cambia?

—La oscuridad que habita en el corazón de todos los hombres —contestó Maese Polo, y ya no dijo nada más hasta la mañana siguiente.


2 comentarios:

  1. La verdad, un final cortante y en el fondo muy actual, por la misma razón que lo expresado en las palabras de Maese Polo. La oscuridad, por aquí hay unos cuantos inmunes a toda justicia.
    Saludos.

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  2. Sí, muchas veces la Historia nos deslumbra con sus cambios y no nos deja ver la otra cara de la moneda: las continuidades. Hay muchas cosas que, pese al aparente progreso, continuan como siempre.
    Un saludo.

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