20101116

Vencer o convencer


Hace unos días pude leer un comentario de otro escritor aficionado quejándose de que alguien había publicado varios relatos suyos en la web sin mencionar a su verdadero autor: habían sido plagiados. La verdad es que no me sorprendió que alguien se dedique a copiar la obra de los demás. Algo tan fácil de hacer debe pasar necesariamente. Es casi un axioma.

Me decidí a hacer una búsqueda para averiguar si yo tambíén había sido objeto de plagio. Basta solo con googlear alguna frase larga del relato. Así que probé y me encontré con... esto.

Alguien publicó en su blog mi microrelato "El mensaje que Dios ocultó en las partículas elementales". En realidad no se trata de un plagio, esa persona me citó como autor y no tengo ninguna queja al respecto. Es más, desde aquí le doy las gracias por la difusión. Escribo todo esto por otro motivo. La cuestión es que a raíz del relato surgió entre los usuarios del blog un (a veces) acalorado debate acerca de la ciencia, la religión, el Big Bang, el papel de Dios en la creación del universo... La entrada registró un total de 92 comentarios, entre marzo y julio.

No explico todo esto como un acto de ego-onanismo. Es verdad que me siento muy orgulloso de que un escrito mío haya tenido esa (pequeña) repercusión. Es el sueño de todo escritor, que aquello que creas llegue a alguien, que no le deje indiferente.

Pero este pequeño hallazgo me ha servido sobretodo para darme cuenta de dos cosas:

Primero, quizá los escritores aficionados nos obsesionamos a veces demasiado con engordar el curriculum (concursos, menciones, relatos publicados...) y puede que estemos olvidando lo más importante, que es llegar a alguien. De nada sirve ganar premios literarios si tus relatos o novelas no las lee nadie. Cómo se consigue eso, no lo sé muy bien. Pero empiezo a sospechar que se consigue preocupándote más por escribir bien, por quedar satisfecho con lo que haces, que por empecinarte en ganar un concurso o publicar en una revista. Esa es mi teoría: si haces bien las cosas, tarde o temprano llegarán los lectores.

Y segundo, me he dado cuenta de que lo que hacemos es real. Muchas veces podemos hablar del poder del lenguaje, de que una idea puede mover el mundo... Pero la verdad es que normalmente no asumimos realmente lo que eso significa. Lo que significa es que tus ideas, tus palabras, tienen efectos reales en el mundo. Escribes un relato de ciencia ficción y un montón de desconocidos se pasan tres meses discutiendo sobre el origen del universo. Eso es lo que hacemos (en mayor o menor escala) cuando nos ponemos delante del teclado.

Como decía un amigo mío (y perdóname por el plagio si lees esto): "El Idealismo y el Realismo son la misma cosa, porque las ideas existen, y son reales".


4 comentarios:

  1. Yo creo que no nos damos cuenta, colgamos las cosas en el blog y como no hay comentarios pensamos que no las lee nadie. Y luego de vez en cuando descubres que sí, que te leen, que te conocen, pero es tan poco lo que realmente te llega que hasta que no descubres algo así no te das cuenta realmente.

    A mí me pasó hace unos años, con un fanfic, lo había publicado en una página y apenas había tenido comentarios de un par de amigos, haciendo una búsqueda me lo encontré en un foro y a un montón de gente hablando de él. Y por un lado es muy satisfactorio (tanto si las criticas son buenas como si son malas, que el hecho de que ya a alguien le interese leerlo a mí ya hace que me de el subidón)pero por otro da un poco de miedo.

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  2. Sí que da un poco de vértigo. Te hace pensar en las sabias palabras del tío Ben acerca del poder y la responsabilidad.

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  3. Es una sensación maravillosa saber que algo que has escrito ha sido objeto de reflexión, aunque sea para rebatir tus ideas, vamos. Estoy de acuerdo contigo también en que a veces olvidamos que lo más importante es ser leído. El problema es que pocas veces nos damos cuenta, por la poca afluencia de comentarios recibidos, y quizá eso nos hace creer que escribimos para nadie, pero este tipo de incidentes te hacen ver que las palabras no se las lleva el viento cuando están escritas ;)

    Por cierto, leí el microrrelato: ¡Soberbio!

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  4. Gracias por tu mensaje, Laura. Me alegro que te haya gustado el relato.

    Has comentado una cosa muy interesante. Dices: "Es una sensación maravillosa saber que algo que has escrito ha sido objeto de reflexión, aunque sea para rebatir tus ideas". Recuerdo que varios de los comentarios al micro hacían lecturas que yo no había tenido en mente cuando lo escribí: lo interpretaban como una crítica a los copyrights y una apología de los códigos abiertos.

    En realidad yo no pretendía decir eso, pero es cierto que el texto admite esa interpretación. Y es igual de válida que la que yo pueda darle. Despues de todo, una vez publicado, los autores dejan de ser dueños de sus textos, que pasan a ser propiedad de los lectores. Y, claro, ellos lo interpretan como les da la gana.

    De todo esto puede sacarse otra conclusión: que nuestros textos solo se completan del todo en la cabeza de los lectores. Ellos son los que les dan sentido. No solo el que nosotros quisimos darle, sino muchos más. Nuestra obra se enriquece al encontrar a sus lectores.

    Por eso no he entendido nunca a esos autores que escriben solo para sí mismos. No puedo concebir el acto de escribir desligado del acto de leer.

    Un saludín.

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