20110602

Confesión manuscrita en el reverso de una baraja

Compruebo un poco avergonzado que han pasado casi tres meses desde la última entrada en este blog. Aún así, he podido ver que el contador de visitas ha seguido aumentando, llegando ya a las 4000. Me gustaría creer que eso significa que no os habéis olvidado de mí. Por eso, para agradecer vuestro interés, aquí os dejo un relato.

Espero que os guste.


CONFESIÓN MANUSCRITA EN EL REVERSO DE UNA BARAJA


Tras la muerte en extrañas circunstancias de mi buen amigo Joan Mena, su esposa Isabel encontró entre sus papeles (era un gran coleccionista de libros y manuscritos antiguos), una extraña baraja del Tarot de Marsella. Aparentaba ser bastante antigua y le faltaban algunas cartas, pero lo más extraño de todo era que en su revés había una serie de anotaciones indescifrables, manuscritas en tinta pardusca.

Isabel recordó que yo soy profesor de Historia en la UNED y se puso en contacto conmigo para intentar descifrar aquellas insólitas inscripciones. Lamentablemente estaban más allá de mi especialidad, pero conseguí su permiso para mostrárselas a un colega del departamento de Paleografía. Tras un detenido estudio me informó de que todos aquellos textos habían sido escritos por una misma mano utilizando una caligrafía llamada procesal encadenada, lo cual situaba su redacción durante la primera mitad del siglo XVII.

A continuación reproduzco la transcripción que me facilitó mi colega, al cual agradezco su interés y esfuerzo. Debo recordar que faltan cuatro naipes, de lo cual se colige que el manuscrito no está completo. Asimismo, ha sido imposible descifrar algunas de las palabras, especialmente hacia el final. He estructurado los textos siguiendo el orden de las cartas en que fueron escritos.

Para acabar, deseo manifestar que no voy a pronunciarme acerca de la veracidad de los hechos relatados. Tampoco me atrevo a sugerir que exista alguna relación entre la baraja y la extraña muerte de mi amigo. Dejo al lector la tarea de juzgar ambas cuestiones por sí mismo.

EL LOCO
Escribo estas palabras sobre el reverso de una baraja de Arcanos Mayores, mojando la punta de un puñal en mi propia sangre mezclada con pólvora negra. Será lo último que escriba, pues estoy perdido sin remedio, condenado por mi curiosidad, como tantos otros se perdieron antes que yo.

I - EL MAGO
Lo que no consiguieron contra mí las intrigas y el odio eterno del Bizantino, lo realicé yo mismo. Cómo debe reírse en este momento, seguro de que pronto ya nadie sabrá quién es realmente. Ahora el rey Luis XIII podrá ser dueño de toda Europa sin que nadie se le oponga. Y el Cardenal Richelieu lo manejará tranquilamente como si fuera un auténtico títere, sin saber (pues de saberlo moriría al instante de pura rabia) que a su vez él está dominado por Constantino XII, el último emperador de Bizancio, al que todos creen muerto.

II - LA PAPISA
(Esta carta se ha perdido)


III - LA EMPERATRIZ
Mi perdición se fraguó la noche de mi nacimiento. El destino de toda mi existencia quedó ya firmemente fijado aquella noche y mi vida no ha sido más que la inexorable ejecución de aquel mal presagio: el Sol en el signo del Escorpión; Saturno en la novena Casa, en oposición con Mercurio; la conjunción de la Luna, Marte y Venus… Todo ello auguraba mi nefasto destino.

IV - EL EMPERADOR
Pero si debo buscar la razón última y concreta de mi actual desgracia, la encuentro en un callejón tenebroso de Venecia, que no aparece en ningún mapa porque tal callejón no existe. No fue el callejón en sí lo que acabó conmigo, sino el hombre que encontré allí y la curiosidad que en mí despertó.

V - EL PAPA
Porque la excesiva sed de conocimiento no trae sino infortunio. Es lo que el viejo rabino Ehoim ben Sgela intentó advertirme cuando me mostró lo próximas que se encuentran la verdad* y la muerte*. Fue un mensaje demasiado sutil, me temo, para alguien no iniciado en la Tradición. Su comprensión ha llegado demasiado tarde.
*En hebreo en el manuscrito original. En esta lengua las palabras “verdad” (אמת) y “muerte” (מת) se escriben prácticamente igual.

VI - EL ENAMORADO
Podría no haber estado en Venecia aquella noche, claro, pero entonces el hombre al que había ido a liberar hubiese muerto colgado. Y eso no era posible, el agente de Osuna debía enfrentarse en el futuro (había sido elegido y la maniobra ya estaba trazada) al Conde Duque de Olivares. Así pues, fui a Venecia, salvé de la horca a Francisco de Quevedo y vi al hombre del callejón, allí plantado bajo la lluvia, mirándome silencioso, sin importarle el agua que resbalaba por su cara y su raída túnica negra.

VII - EL CARRO
Cuando volví de Venecia pregunté a los magos y a los astrólogos por el hombre y su callejón. Leí en sus ojos que sabían quién era, pero no me dijeron nada. Apartaron su mirada, hablaron de otra cosa. Ellos sabían que ya estaba condenado. Ni siquiera Salviati me advirtió de… (Ilegible). Maldito jesuita traidor. Él sabía qué iba a ocurrir, pues lo había leído en esa máquina suya, que le muestra todo lo que va a suceder.

VIII - LA JUSTICIA
Si por lo menos el Nigromante hubiese escapado de las llamas de la Inquisición… Él, aunque no me hubiese salvado de mi destino, me lo hubiese mostrado. Pero había muerto, entregado a la Inquisición de Nápoles por Umberto Mantini, aquel astuto espía italiano que conspiraba contra los españoles pagado por los franceses. El Cardenal sabe elegir bien a sus peones.

IX - EL ERMITAÑO
Pasaron los años y así, ante aquel silencio, el misterioso hombre y su misterioso callejón acabaron obsesionándome de tal manera que finalmente volví a Venecia en el barco más rápido que encontré, sin importarme la posibilidad de caer en manos de los turcos otomanos y, por lo tanto, de mi peor enemigo. Pero eso no sucedió, pues me estaba reservado un fin aún más cruel.

X - LA RUEDA DE LA FORTUNA
Todavía llovía en el callejón y el hombre seguía en el mismo sitio, esperándome. Él sabía que tarde o temprano yo volvería. Su túnica, tras diecisiete años bajo la lluvia, se había podrido y deshecho. Le pregunté quién era y qué asunto podía ser tan importante para esperar tantos años bajo la lluvia en un callejón que no existe. El hombre no recordaba su nombre (la lluvia lo había borrado de su cabeza) pero sí recordaba que debía ofrecerme algo. Se trataba de la Inmortalidad.

XI - LA FUERZA
Yo acepté, imaginando la cara que pondría el Cardenal cuando Mantini le informase de que yo no moriría nunca, de que tendría tiempo suficiente para deshacer todos y cada uno de los innumerables planes que… (Esta carta está quemada en su tercio inferior, el resto de texto se ha perdido)

XII - EL COLGADO
Pero aquel hombre no me ofrecía la vida eterna de la que disfruta el Bizantino. Pues su inmortalidad deriva de la Gran Obra, el proceso más elevado y secreto del arte de la alquimia, que sólo conocen los grandes iniciados. Tan sólo aquellos que comprenden el Gran Secreto pueden tomar la materia más vil y refinarla una y otra vez hasta transfigurarla en la Piedra Filosofal, el más sublime elemento, capaz de transmutar los metales, redimir el alma y otorgar la vida eterna.

XIII - LA MUERTE
Sin embargo, la inmortalidad a la que me condenó el Judío Errante (pues el hombre del callejón no resultó ser otro que Ashavero) es el castigo a mi ambición y mi codicia, que me llevaron a cometer todo tipo de crímenes contra Dios y contra los hombres. Debo confesarlo: mentí, robé, maté con puñal y con veneno, practiqué la hechicería e, incluso, perturbé el descanso de los muertos para que me explicaran sus secretos. Ni pido perdón ni me arrepiento. Ninguna de las dos cosas me libraría de mi destino.

XIV - LA TEMPLANZA
(Ilegible)... toda mi vida dedicado a mentir, a… (Ilegible) …entre las sombras de la historia, a urdir una maquinación tras otra. Para mí, el mundo no ha sido más que un gran tapiz en el que los reyes, los cardenales y los príncipes componen los bellos patrones de la trama, sin intuir siquiera la secreta urdimbre que los sostiene y les da forma. No en vano tramar también significa tejer.

XV - EL DIABLO
(Esta carta se ha perdido)

XVI - LA TORRE
Cuando acepté su regalo el Judío cayó muerto al suelo. Ahora soy yo el que debe esperar bajo la lluvia. Sé que con el tiempo me convertiré en él. Y el infeliz que me sustituya también se convertirá en él. Y el siguiente. Y el siguiente. Todos lo hacemos. Sólo escapa de su condena durante un breve tiempo, luego sus recuerdos vuelven. Su tormento vuelve. Siempre.

XVII - LA ESTRELLA
Ahora espero bajo la lluvia, en el centro de un laberinto que tiene una salida en cada ciudad del mundo bajo la apariencia de un callejón que no existe. Los recuerdos y la identidad de Ashavero emergen a través de los míos como las burbujas de un matraz alquímico que empieza a hervir. Todas las caras conocidas, amigas o enemigas, se van despidiendo antes de desaparecer en el negro olvido, empujadas por el Judío Errante.

XVIII - LA LUNA
(Esta carta se ha perdido)

XIX - EL SOL
(Ilegible) …que todo se ha perdido, que me asomo al vertiginoso abismo del no ser, creo entender la naturaleza del Gran Secreto. Qué necio he… (Ilegible) …algo tan evidente y tan hermoso… (Ilegible)

XX - EL JUICIO
(Esta carta se ha perdido)

XXI - EL MUNDO
Se acaba mi tiempo. Ashavero reclama mi alma y se abre paso a través de mi consciencia. Ya no recuerdo mi nombre. Ya no recuerdo…




3 comentarios:

  1. Extraño cuento. Un misterioso conspirador, tu personaje, atrapado en su propio juego. Alguien tan poderoso sucumbe a una debilidad tan simple como la de la curiosidad. Volvió a Venecia por curiosidad.

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  2. Por supuesto, nadie escapa a las debilidades humanas. Ni siquiera el protagonista del relato.

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  3. Bueno eso le pasa a cualquiera que busca evitar la muerte, siempre encuentra algo peor que la misma o al menos eso termina pareciendo siempre.

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